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Paraguay no debería normalizar a la dictadura cubana

Paraguay es una nación democrática y Cuba no. Esa diferencia debería importar cuando el Estado paraguayo decide con quién mantiene relaciones diplomáticas y bajo qué condiciones.

La cuestión no es meramente protocolar, una política exterior también expresa valores. Y resulta difícil sostener que Paraguay defiende la democracia, las libertades y los derechos humanos mientras mantiene una relación diplomática normal con un régimen que, según registros de organizaciones especializadas, mantiene 1.327 presos políticos y de conciencia, entre ellos 41 personas que fueron detenidas siendo menores de edad.

No estamos hablando de una fotografía del pasado. La represión continúa. En julio de 2026 fueron incorporados 36 nuevos presos políticos al registro de Prisoners Defenders. La organización documenta además más de 2.100 personas que han pasado por las cárceles cubanas como presos políticos desde las protestas de 2021.

Frente a esta realidad, la pregunta es sencilla: ¿qué gana Paraguay manteniendo una relación diplomática normal con La Habana?

El argumento de la cooperación educativa tampoco resulta suficiente. Paraguay y Cuba mantienen desde el año 2000 un convenio aprobado por la Ley 1.874, que contempla intercambios y becas. Bajo ese esquema, 1.135 médicos paraguayos se formaron en Cuba hasta 2019. Pero la cooperación académica no debería convertirse en una razón para sostener una relación política complaciente con el régimen cubano. Paraguay puede formar médicos, investigadores y profesionales mediante universidades y programas de otros países democráticos sin convertir la cooperación educativa en un canal de influencia ideológica.

Porque quienes viajaban a Cuba para estudiar no recibían únicamente formación profesional. El sistema incorporaba contenidos relacionados con la filosofía marxista, la historia de la Revolución, los valores sociales y el internacionalismo. Una cosa es formar médicos; otra es aceptar que la formación profesional venga acompañada por la doctrina política del Estado que financia y administra esa educación.

Tampoco existe un argumento económico contundente. En 2025, Paraguay exportó a Cuba apenas US$667.850 e importó alrededor de US$712.104, para un intercambio bilateral de aproximadamente US$1,38 millones. Frente al volumen del comercio exterior paraguayo, la relación económica con Cuba es prácticamente insignificante. El argumento de que Paraguay necesita mantener una relación política estrecha con La Habana por razones comerciales, sencillamente, no resiste los números.

Y entonces queda la cuestión fundamental: la coherencia.

Paraguay no puede defender la democracia como principio interno y tratar como un socio diplomático ordinario a un régimen que encarcela opositores, limita la libertad de expresión y castiga la disidencia. No puede exigir respeto a los derechos humanos en unos escenarios internacionales y guardar silencio frente a violaciones cometidas por un Gobierno con el que mantiene relaciones normales.

Incluso la historia del régimen muestra un costo humano que no puede ser ignorado. Cuba Archive documentó miles de muertes y desapariciones atribuidas al Estado cubano durante el período castrista, incluyendo ejecuciones y muertes bajo custodia. Y la tragedia de quienes intentaron escapar de la isla por mar alcanzó dimensiones que todavía hoy resultan difíciles de cuantificar: la estimación de alrededor de 70.000 cubanos muertos en esas travesías, atribuida al investigador Armando Lago, debe entenderse como una estimación histórica y no como un registro individualizado, pero refleja la magnitud de una tragedia que no puede ser borrada de la memoria.

Paraguay no necesita romper con el pueblo cubano. Necesita dejar de confundir al pueblo cubano con el régimen que lo gobierna.

Puede mantener intercambios culturales, comerciales y humanitarios. Puede proteger a sus ciudadanos y mantener canales consulares. Pero otra cosa es otorgar normalidad política a una dictadura sin exigir absolutamente nada a cambio.

La diplomacia debería servir también para defender los intereses y los principios de la República. Si el comercio es marginal, la cooperación puede realizarse por otras vías y el régimen continúa encarcelando ciudadanos por razones políticas, entonces la pregunta deja de ser qué beneficios obtiene Paraguay.

La pregunta pasa a ser por qué Paraguay debería seguir otorgándole normalidad diplomática a un régimen que niega las libertades que nuestra propia Constitución y nuestra democracia reconocen como fundamentales.

Paraguay no tiene por qué romper con Cuba. Tiene razones para dejar de normalizar a su dictadura por medio de la diplomacia.

Y eso no sería una política contra el pueblo cubano, sería una política a favor de la democracia.

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