Antes de cerrar la semana pasada, hubo una noticia que estremeció totalmente a los venezolanos y a aquellos que siguen la supuesta transición democrática en Venezuela, el anuncio vino de la mano del mismo presidente Donald Trump, primero en su cuenta de X calificado como “El mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”, y más tarde reposteado por la cuenta de X del Departamento de Estado.
Ahora bien, ¿en qué consistió este acuerdo anunciado tan pomposamente por el presidente Donald Trump? Muy simple: Estados Unidos se aseguró el control de más de 65 BILLONES DE BARRILES provenientes de las reservas de petróleo de Venezuela libre de pago de impuestos por un lapso de veinte y cinco (25) años, acuerdo alcanzado gracias a la dirección del Secretario de Estado Marco Rubio y del Secretario de Guerra Pete Hegseth con la presidente de facto de Venezuela Delcy Rodríguez, a quien se refirió en los siguientes términos “Altamente Respetada Presidente Interina de Venezuela”. Esto es lo oficial y lo contemplado en los anuncios por redes sociales de este acuerdo, que dicho sea de paso, el documento in extenso no ha sido publicado ni por el gobierno de EEUU ni por su contraparte, vale decir, el gobierno de facto venezolano.
Por parte de Venezuela, la usurpadora asentada en la jefatura del gobierno en Caracas sólo se limitó a hacer una solitaria declaración grabada en la que señaló, entre otras cosas que el acuerdo binacional: “contempla el desarrollo estratégico de 17 campos con un objetivo de producción superior a 1.5 millones de barriles diarios. Pero nuestra meta va más allá, con la firma de otros importes acuerdos que incluyen a grandes empresas Chevron, Repson, Eni, Shell, BP, entre otros”, más adelante remató diciendo “… los beneficios se pierden de vista.”
Ahora bien, en términos reales ¿qué significa este acuerdo petrolero binacional entre EEUU – Venezuela?, para dar respuesta a esa pregunta debemos analizarla desde dos direcciones diferentes, es decir, la de Washington y la de Caracas. Desde Washington, constituye un gran éxito del presidente Donald Trump, quien logró asegurar para la potencia del norte un suministro de crudo a bajo costo proveniente de las costas de El Caribe, justo en medio de un contexto geopolítico mundial volátil, marcado por dos grandes coyunturas como la de guerra en Ucrania y sobre todo la crisis en el estrecho de Ormuz como consecuencia de la guerra en Irán. Amén, no faltará algún analista de izquierda en tildar dicho acuerdo como un típico acto imperialista, pero en realidad es el pase de la factura de Washington por la extracción del narco-tirano Nicolás Maduro.
Desde la perspectiva de Caracas, dado el contexto actual de un estado fallido devenido a un Estado tutelado por EEUU luego del 3 de enero, el acuerdo tiene varias implicaciones: la primera de ellas es que el acuerdo es írrito, pues, al ser Delcy Rodríguez un gobierno de facto, todos sus actos son nulos de toda nulidad, pero aquí es donde la legalidad queda pisoteada por los intereses de la potencia del norte.
Finalmente, debo señalar que implica el gran blanqueo del triunvirato hermanos Rodríguez – Cabello, al ser Diosdado Cabello el factor de fuerza a lo interno del país caribeño, se convierte en la pieza clave para asegurar la concreción efectiva de este acuerdo, es decir, es el hombre fuerte que garantizará que ese petróleo llegue a las costas de Miami todos los días, con lo cual, no sólo han sido blanqueados, sino que muy seguramente se mantendrán en el control político del Estado venezolano, quedando la agenda de transición y redemocratización de Venezuela como una mera y estéril carta de intención, donde con los años, se consolidará la reducción Venezuela a una triste factoría proveedora de crudo a Estados Unidos.





