spot_imgspot_img

Top 5 Semanal

spot_img

Relacionadas

La política y yo: participar o no participar, he ahí la cuestión

Hemos de entender en un sentido amplio, que debido a que convivimos en comunidades políticas, es una improbabilidad, para no decir una imposibilidad el no participar de la política. Como les gusta decir a las personas de izquierdas, la política nos atraviesa y en ese respecto, incluso la decisión de no participar de la política, es decir, de ser apolítico, es una decisión política. Sin embargo, si consideramos la cuestión desde una definición más restrictiva o acotada, el dilema, o la disyuntiva, adquiere sentido debido a las implicancias prácticas que tiene participar o no participar de la política.

Si partimos de una definición del realismo político, el cual considera a la política como el control del espacio común o de la esfera común utilizando como medio la agresión considerada legítima, sería poco razonable que uno se desentienda de la misma, pues hacerlo podría representar quedar en desventaja frente a otros grupos de personas que si influyan en la articulación de “lo público”. Esto sucede, debido a que la convivencia, necesariamente, requiere un consenso respecto a la amplitud del espacio colectivo o de la esfera común, y esta amplitud solo puede lograrse a costa de la esfera de lo particular o lo personal, así qué cualquier decisión que consensuen los grupos de interés de “lo político”, terminará afectándote, pues se hará a costa de tu esfera íntima, particular y personal.

A modo de ejemplo imaginemos que la vida en sociedad es un partido de futbol donde cada jugador representa grupos de personas en la sociedad. Naturalmente, los delanteros intentarán acotar el espacio donde el arquero puede jugar tomando el balón con las manos y propondrán votar al respecto. Si los arqueros decidieran no participar del “juego político” se eliminaría el área grande, inicialmente, y posteriormente, incuso se acotaría el área chica, restringiéndole utilizar sus derechos de arquero en un ámbito más extenso. Los carrileros querrían una cancha más ancha y los defensores una menos ancha y sería poco inteligente, incluso insensato, desentenderse de la votación al respecto pues, tanto los unos como los otros podrían ver disminuidos sus ámbitos de acción personal en el juego si no los defienden.

Lo anterior plantea que la política es, necesariamente, un juego de suma cero, porque el público y lo privado no admiten mediatintas ni zonas grises, porque cualesquiera de estos dos estatus de la experiencia humana se materializan solamente si acotan o reducen al otro, y esto acontece debido a su naturaleza antagónica. Así es que cada vez que se hace una ley en el Congreso de una nación democrática se reduce algún ámbito de acción personal o una esfera particular, y se amplía el orden de “lo público”. Eso significa que la decisión de no participar en la política podría colocarte en situación de desventaja porque habría grupos de interés, de presión o de la política que pretendan, por distintos motivos, ampliar el espacio público, lo colectivo, a costa de tu esfera personal. Que cada persona defienda su esfera de acción personal, su vida privada y su ámbito íntimo es fundamental para que la misma no sea fagocitada por el espacio público, lo colectivo y lo grupal. En el decir de Platón: el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres.

Autor

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más leídas