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Colombia de vuelta al orden y la autoridad bajo Abelardo de la Espriella

La presidencia de Abelardo de la Espriella, sin duda ha significado una suerte de partidura de aguas del ritmo socio-histórico que la sociedad colombiana venía desarrollando colectivamente durante los años que siguieron a la era de Álvaro Uribe Vélez, vale decir: las dos presidencias de Juan Manuel Santos, Iván Duque y más recientemente Gustavo Petro.

Para entender la magnitud del giro que experimenta Colombia con esta presidencia que inició el pasado 7 de agosto, debemos recordar el devenir reciente del país. En crudo, Colombia durante la década de los 80’s literalmente no era más que un Estado fallido, un Estado sitiado por el crimen organizado trasnacional, controlado por dos grandes estructuras entrelazadas: los cárteles de la cocaína (Medellín y Cali) y las guerrillas comunistas (FARC, ELN, más sus satélites urbanos como el M19, entre otros menores).

Infelizmente la sangre corrió por todo el territorio colombiano, fueron los tiempos de los coches bombas, atentados, asesinatos, los secuestros y los reclutamientos forzados de menores, abuso sexual, cometidos por los líderes guerrilleros, era la realidad que a diario padecían los colombianos, lo que deprimió enormemente la economía por décadas y expulsó a millones de colombianos al exterior o deplazó a miles dentro del propio territorio.

El primer intento de solución vino de la mano del presidente conservador Andrés Pastrana quien en el marco del Plan Colombia de 2000, abrió los “Diálogos de Paz” caracterizados por el establecimiento de las llamadas “zonas de distención”. El experimento terminó en fracaso, Pastrana frustrado y casi al final de su gobierno, levantó unilateralmente los diálogos, lo cual, sentó las bases para que arribara al Palacio de Nariño un outsider, Álvaro Uribe Vélez con su propuesta electoral de “seguridad, seguridad y más seguridad”.

Fue Uribe quien desplegó un férreo combate contra el narcotráfico y las FARC, apalancado en una alianza estratégica con Washington, coincidiendo con la presidencia del republicano George W. Bush. Uribe, logró poner de rodillas a las FARC, en paralelo hizo que la economía de Colombia floreciera, pero ello le costó la animadversión de sus pares de la región, los cuales transitaban la borrachera del Socialismo del Siglo XXI, encabezada por Hugo Chávez desde Caracas.

Infelizmente los gobiernos que le sucedieron a Uribe, pese a venir de las mismas filas del uribismo, se desmarcaron de su regia política de seguridad, primero Santos con su fiasco de “Acuerdo de Paz y la dejación de las armas” de las FARC, más el bochorno de la inconstitucional Justicia Especial de Paz (PAZ), que sólo fue un bodrio para asegurar impunidad a los narco-guerrilleros, que además se hicieron con curules en el Congreso Nacional. Más tarde, Duque, quien prometió “demoler” esos acuerdos, los mantuvo y finalmente el castro-chavista Petro, quien gobernó Colombia a partir de llamado Pacto de cárcel de la Picota, técnicamente fue el retorno de los grupos guerrilleros, de la producción de pasta de coca y narcotráfico en alianza con el Cártel de Los Soles de Venezuela.

Por ello, Abelardo de la Espriella llega a Nariño de la mano de una sociedad civil harta de la laxitud de Santos y Duque hasta la complicidad de Petro, de modo que De la Espriella cierra este paréntesis de fragilidad estatal para retornar a la política radical de los tiempos de Uribe, que a lo interno se traducirá en combate a los grupos del crimen organizado trasnacional, la construcción de diez mega-cárceles en zonas aisladas, además de la vuelta de las fumigaciones con herbicidas de alta tecnología inocuos para el ser humano. Muestra de ello, el día de ayer ya fue neutralizado uno de los cabecillas de las finanzas de la Segunda Marquetalia, Eider Quitoria alias “Alexis Perdomo”, conjugado con una postura de defensa a la familia y el retorno al campo.

Finalmente, en materia de política exterior partirá de una estratégica vinculación con la Casa Blanca -pese a la ausencia de Marco Rubio en su juramentación, al igual que en la de Keiko Fujimori- quien ya el día de ayer el gobierno del Presidente Donald Trump ofreció 1 billón de dólares estadounidenses, amén de su adhesión formal de Colombia al Escudo de las Américas, además de la conversión del servicio diplomático colombiano en un instrumento clave para el crecimiento económico, centrando sus tareas en la apertura de mercados y generación de nuevas iniciativas de negocios, acompañado con la eliminación de barreras arancelarias para el beneficio de los exportadores.

Autor

Nahem Reyes
Nahem Reyes
Dr. Analista geopolítico

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