El máximo tribunal de Massachusetts confirmó la decisión de impedir que la ciudad de Quincy instale dos estatuas de San Miguel Arcángel y San Florián frente a su nueva sede de seguridad pública, al considerar que los monumentos podrían interpretarse como un respaldo oficial a la religión católica.
Las esculturas, de unos tres metros de altura, fueron elegidas para homenajear a policías y bomberos, por su histórica vinculación con ambas profesiones. El alcalde Thomas Koch sostuvo que el objetivo era reconocer, inspirar y elevar la moral de los primeros intervinientes, no promover una religión.
La decisión fue impulsada por grupos religiosos y organizaciones de defensa de la separación entre Iglesia y Estado, que argumentaron que la iconografía de los santos tenía un carácter religioso evidente.
La medida genera críticas porque una cosa es imponer una religión desde el Estado y otra muy distinta impedir que una comunidad utilice símbolos religiosos como parte de un homenaje público. La neutralidad religiosa no debería convertirse en una excusa para borrar del espacio público toda referencia a la fe.
La batalla judicial todavía continúa y la ciudad de Quincy busca revertir el bloqueo.





