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Cuando un guaraní fuerte golpea al exportador

La caída del dólar frente al guaraní puede parecer una buena noticia. Una moneda estadounidense más barata reduce el costo de algunos productos importados, facilita determinados pagos en dólares y puede ayudar a contener los precios. Pero existe otra cara que merece mayor atención: las empresas que producen en Paraguay y venden al exterior reciben cada vez menos guaraníes por los mismos dólares que generan.

Para un exportador, la cuenta es sencilla. Si una empresa vende su producción por USD 1 millón y el dólar cotiza a G. 7.000, sus ingresos equivalen a G. 7.000 millones. Si la cotización baja a G. 6.000, esos mismos USD 1 millón pasan a representar G. 6.000 millones. La empresa no vendió menos ni perdió un cliente, pero dispone de G. 1.000 millones menos para cubrir salarios, combustible, transporte, servicios, impuestos y otros costos que paga en moneda local.

Ahí aparece el principal problema. Los costos de producción no bajan necesariamente al mismo ritmo que el dólar. Un productor puede recibir menos por su exportación y seguir pagando prácticamente lo mismo por la mano de obra, el transporte o determinados servicios. La diferencia termina saliendo del margen de la empresa, y cuanto más reducido sea ese margen, mayor resulta la presión sobre sus decisiones de inversión y crecimiento.

El impacto puede sentirse con más fuerza en las actividades que compiten directamente con productores de otros países. Una empresa paraguaya no decide cuánto vale el producto en el mercado internacional y tampoco puede trasladar automáticamente sus mayores costos al comprador extranjero. Si el competidor de otro país ofrece un producto similar a un precio más conveniente, la empresa paraguaya debe absorber parte de esa diferencia o correr el riesgo de perder el mercado.

Este punto resulta especialmente importante para Paraguay porque las exportaciones tienen un peso central en la economía. El país necesita vender al exterior para generar divisas, sostener cadenas productivas, financiar inversiones y crear empleos. Por eso, el tipo de cambio no debería analizarse solamente desde el bolsillo del consumidor o desde el precio de los productos importados. También hay que mirar qué ocurre con quienes generan dólares mediante la producción nacional.

Tampoco se trata de plantear que el dólar debe subir artificialmente. Una moneda estable, una inflación controlada y una economía previsible son condiciones positivas. El problema aparece cuando la apreciación del guaraní avanza con tanta fuerza que comienza a deteriorar la capacidad de las empresas para competir. La estabilidad cambiaria pierde parte de su valor si, al mismo tiempo, desalienta nuevas inversiones en sectores que generan ingresos desde el exterior.

Existe además un efecto sobre las futuras decisiones empresariales. Una compañía que analiza ampliar una planta, comprar maquinaria o aumentar su producción necesita proyectar cuánto podrá recuperar de esa inversión. Si sus ingresos dependen del dólar y sus gastos se mantienen principalmente en guaraníes, una caída sostenida del tipo de cambio cambia esas cuentas. El empresario puede postergar una inversión, reducir su margen esperado o buscar alternativas en otros mercados.

La discusión debería dejar de lado la mirada simplista de que un dólar bajo siempre es bueno o siempre es malo. Para una familia que compra un producto importado puede ser favorable; para una empresa importadora también puede representar un alivio, pero para quien produce en Paraguay, paga sus costos en guaraníes y vende en dólares, la historia cambia completamente. Esa diferencia es la que debe ocupar un lugar central en el debate económico.

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