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Energía renovable no siempre significa soberanía energética

Por: Cynthia Peña Ros

Paraguay necesita discutir su matriz energética con menos consignas y más sentido estratégico. La etiqueta “renovable” no puede funcionar como autorización automática para ocupar territorio, comprometer recursos o reemplazar una política energética nacional por una moda internacional.

La experiencia reciente de España ofrece una advertencia útil. El apagón ibérico del 28 de abril de 2025 mostró que una matriz eléctrica presentada como limpia puede fallar si no cuenta con respaldo firme, almacenamiento, control de tensión y red suficiente. El problema no fue simplemente la existencia de energía solar o eólica, sino la expansión de fuentes intermitentes sin haber construido antes la firmeza necesaria para sostenerlas.

Paraguay no debe copiar ese error. Nuestro país tiene una ventaja histórica: la hidroelectricidad. Itaipú, Yacyretá y Acaray han permitido sostener una matriz eléctrica limpia y abundante. Pero esa abundancia no equivale automáticamente a soberanía energética. La economía paraguaya sigue dependiendo del diésel importado para mover transporte, agro, logística, construcción y distribución interna. A la vez, la demanda eléctrica crece, la red requiere inversión y la hidroelectricidad también está expuesta a sequías.

El debate se vuelve más urgente con los proyectos solares de la ANDE en el Chaco. La institución ha impulsado iniciativas vinculadas a Loma Plata, Mariscal Estigarribia, Pozo Hondo y Bajo Chaco, incluyendo una planta solar de 140 MW en Loma Plata, conectada al Sistema Interconectado Nacional mediante la Subestación Loma Plata. ANDE tiene un argumento técnico atendible: el Chaco recibe energía transportada desde largas distancias, lo que genera pérdidas, costos y dificultades de calidad del servicio. Generar localmente puede tener sentido.

Pero ese argumento no basta para habilitar una expansión solar extensiva sin evaluación territorial rigurosa. El Chaco no es un espacio vacío. Es una región ecológica, productiva y geopolíticamente sensible, ya condicionada por parques nacionales, reserva de biosfera, comunidades, presión territorial, fragilidad ambiental y suelos particularmente delicados.

La Reserva de Biosfera del Chaco paraguayo abarca más de 4,6 millones de hectáreas e incluye áreas como Defensores del Chaco, Médanos del Chaco y Teniente Agripino Enciso. Defensores del Chaco supera las 700.000 hectáreas y Médanos del Chaco fue ampliado por ley a más de 600.000 hectáreas. Es decir, hablamos de un territorio donde la política energética no puede separarse de la soberanía territorial.

Una granja solar de escala no es ambientalmente neutra. En el Chaco, donde existen suelos frágiles, arenosos y zonas con dinámica de médanos, la apertura de caminos, la remoción de cobertura vegetal, la compactación del suelo y la instalación de paneles pueden alterar procesos físicos delicados: erosión eólica, movilidad de arenas, pérdida de humedad y aumento de temperatura local. La preocupación no es solo paisajística; es edáfica, térmica y ecosistémica.

Que una fuente no queme combustibles fósiles durante su operación no significa que carezca de impacto ambiental. Un proyecto solar extensivo puede ocupar grandes superficies, modificar la temperatura del suelo, exigir líneas y subestaciones, alterar el escurrimiento, fragmentar hábitats y afectar la función natural de la vegetación como estabilizadora del suelo. En territorios secos, esa vegetación no es un adorno: es parte del equilibrio físico del ecosistema.

Por eso, Paraguay debe distinguir entre solar distribuida y granjas solares extensivas. La solar distribuida puede ser útil en techos industriales, edificios públicos, frigoríficos, cooperativas, silos, puestos de salud, escuelas, comunidades aisladas e infraestructura crítica. Muy distinto es convertir grandes superficies del Chaco en plataformas energéticas bajo el argumento de la transición renovable.

A esta presión se suma un factor decisivo: la Ruta Bioceánica. Su desarrollo incrementará la demanda energética del Chaco. No solo habrá más tránsito de carga; también surgirán mayores necesidades de servicios logísticos, estaciones, talleres, centros de control, seguridad, telecomunicaciones, agua, frío, depósitos, hoteles, industrias auxiliares y nuevos núcleos urbanos o productivos. La Bioceánica hará que el Chaco demande más energía, pero precisamente por eso la respuesta no puede ser improvisada.

La mayor demanda no debe usarse como excusa para aceptar cualquier solución rápida. Debe obligar a planificar mejor. La Bioceánica requiere una matriz energética territorialmente inteligente: refuerzo de red, generación firme local, solar distribuida, almacenamiento selectivo, eficiencia energética, biomasa, biogás, eventual gas natural si se confirma su viabilidad, y evaluación de hidroeléctricas menores o soluciones híbridas donde existan condiciones.

La discusión de fondo no es “renovables sí o no”. La pregunta correcta es otra: ¿qué fuente fortalece mejor la soberanía energética paraguaya, con menor impacto territorial y mayor valor productivo nacional?

Bajo ese criterio, Paraguay debe evaluar todas sus alternativas. El gas natural nacional, si se confirma su viabilidad técnica y ambiental, puede aportar respaldo firme, sustituir diésel importado, alimentar industrias, producir fertilizantes y sostener generación local en momentos críticos. No debe explotarse como enclave extractivo, sino como recurso estratégico con cupo interno, control ambiental y valor agregado nacional.

También deben reconsiderarse las hidroeléctricas de menor escala, la repotenciación de infraestructura existente y los aprovechamientos locales de bajo impacto. Estas alternativas pueden ofrecer generación más estable que la solar intermitente, siempre que se diseñen sin grandes embalses, sin desplazamientos y con evaluación ambiental estricta.

La biomasa formalizada y el biogás agroindustrial también merecen un lugar en la matriz. Frigoríficos, tambos, granjas, feedlots e industrias agroforestales pueden generar energía a partir de residuos, reducir pasivos ambientales y sustituir combustibles importados, siempre bajo trazabilidad y control técnico.

Incluso la energía nuclear debe dejar de ser un tabú. No es una solución inmediata, pero sí una hipótesis estratégica de mediano plazo. Paraguay presenta indicios geológicos y proyectos vinculados al uranio y al torio que justifican, al menos, una evaluación técnica seria. Esto no significa instalar una central mañana. Significa formar capacidades, estudiar reactores modulares pequeños, construir institucionalidad regulatoria y observar experiencias regionales como Argentina y Brasil.

El error sería aceptar que la palabra “renovable” cierre la discusión. Una política energética seria no clasifica fuentes por simpatía ideológica, sino por función estratégica: base, respaldo, almacenamiento, sustitución de importaciones, generación local, estabilidad de red, industrialización y protección territorial.

Paraguay debe diversificar su matriz, pero no improvisar. Debe atraer inversión, pero no regalar energía. Debe reducir combustibles importados, pero sin destruir su base productiva. Debe incorporar tecnología, pero sin convertir al Chaco en zona de sacrificio energético.

La energía no es solo un servicio público. Es infraestructura de soberanía. Por eso, antes de expandir granjas solares extensivas en el Chaco, el Estado debe realizar una zonificación energética regional que identifique zonas aptas, zonas restringidas y zonas de exclusión. Debe comparar alternativas firmes, evaluar impactos acumulativos y exigir que toda inversión energética responda al interés nacional. La lección española es clara: construir primero la vulnerabilidad y corregir después sale caro. Paraguay todavía está a tiempo de hacer lo contrario.

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1 COMENTARIO

  1. Muy ineresante articulo que por enfoque generalista, deberia ser complementado con temas concretos y puntuales de la problematica general del sector electrico paraguayo. Ejemplo: la arcaica organizacion del mercado desde hace 62 años: monopolio verticalmente integrado, con severa deficiencia de gobernanza corporativa, que funge de encargado de la politica energetica, regulador, fijador de tarifa, operador del sistema, proveedor de GTD. Falta de un ministerio encargado de formular y orientar la politica energetica global, una entidad reguladora independiente, creible y competente que es crucial para atraer la inversion extranjera. Y otros puntos.

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