Recientemente, medios de comunicación de nuestro país se hicieron eco de las estadísticas nacionales que indican que Paraguay avanza hacia un invierno demográfico, es decir, la tendencia general a que una pareja tenga menos de dos hijos o incluso ninguno, con lo cual no se cumple con lo que se denomina “la tasa de sustitución” de la población. Detrás del fenómeno existen factores ideológicos que lo explican, es decir, ideas que las personas, hombres y mujeres poseen, explican este derrotero, porque fundamentalmente, todos actuamos orientados por las ideas que nos habitan. Algunas de esas ideas expresan, quizás, inquietudes genuinas respecto a la concepción, gestación y crianza de los hijos, mientras que otras son el reflejo de una sociedad cada vez más materialista, más superficial, irresponsable y decadente.
Una de las ideas, por las cuales las personas postergan el tener hijos, se expresaría “No quiero traer hijos hasta que tenga todas las comodidades materiales” ¿Cuáles son TODAS las comodidades materiales óptimas para tener un hijo? Porque en el proceso de pensarlo, muchas personas divagan tener hasta el último modelo de la tostadora, la camioneta, la casa propia, sin reparar que la vida se va y que existen lapsos críticos en el desarrollo humano individual para realizar ciertas tareas, o, dicho de otra forma, a los 60 no se tienen hijos, se tienen nietos ¿Cuántas tostadoras necesitas tener para buscar traer un hijo al mundo? ¿Cuántos vehículos necesitas disponer? ¿La casa propia te basta con techo de tejas o de chapa? Existe una inversión ética cuando sujetamos lo que más importa a lo que importa menos, y tener hijos es más importante que disfrutar de cierto nivel de comodidad material.
Otra idea falsa que favorece el rechazo a tener hijos es la siguiente: “el mundo es terrible, cada vez estamos peor, no quiero traer un hijo a sufrir”, dice la millenial, que anda en bolt, que compra comida por internet y trabaja de lunes a viernes de 8 a 18 horas bajo aire acondicionado ¿Cuándo había que salir a cazar nuestra comida _ un jabalí_ era un mejor momento que el actual para tener hijos? ¿La América precolombina llena de esclavitud, nomadismo, canibalismo y sacrificios humanos, era un mejor momento y lugar para tener hijos que Sudamérica del año 2026? Es falso que este sea un terrible momento para tener hijos; incluso, la actualidad es posiblemente el mejor momento de la historia para ello, pues el mundo nunca ha sido más seguro y próspero.
La tercera idea que circula en las mentes de hombres y mujeres adultos jóvenes es que viajar por el mundo, tener un auto, un doctorado o vivir divirtiéndose en fiestas es más importante y divertido que tener hijos. Siento cierta compasión por las personas que piensan así, que tienen como criterio de una vida “significativa” la diversión o la gratificación que les ocasiona, o no, cierta actividad. Además, quien les haya dicho que tener y criar hijos no es excitante, apasionante y divertido, les mintió. Es la experiencia humana más gratificante, significativa, pedagógica y trascendental que pueda tener una persona, especialmente porque nos obliga a salir de nuestro ensimismamiento y pensar en otro ser humano ¡y es muy divertida!
La cuarta argumentación que he escuchado para postergar los hijos o no tenerlos es que un hijo es muy demandante y requiere demasiados cuidados. Esto lo declara el millenial que compró dos perrhijos, que acompaña dos veces al mes al veterinario, una vez al mes a la peluquería, a los que le compra ropa de shopping y comida enlatada; y cuando viaja los deja en un hotel para perros. Sin embargo, hay mucha más verdad en esta respuesta que en las otras tres: en realidad, las personas postergan los hijos o rechazan tenerlos porque no desean estar sometidas al deber del cuidado de otro ser humano. En el fondo, todas las respuestas que hemos explorado no son más que la evocación de una miserable fuga, la máscara de la evasión de la responsabilidad personal, al servicio de los antivalores del egoísmo, el materialismo y el hedonismo.
Esta tendencia antihumana, de rechazar cuidar a otro ser humano vulnerable, se manifiesta trágicamente, tanto en la disminución de los nacimientos de bebés, como en el aumento del suicidio asistido o eutanasia de nuestros ancianos. El antropólogo Donald E. Brown elaboró en el año 1989 una lista de las conductas más recurrentes entre los seres humanos, encontradas en los diarios, estudios y anotaciones de los antropólogos más reconocidos. Estos comportamientos fueron denominados universales humanos, debido a que aparecen y se observan, indefectiblemente, en todas las sociedades humanas, al margen de los factores culturales. Uno de los universales humanos es el cuidado de los hijos. En todas las culturas humanas las personas desarrollan pautas de crianza y cuidado de los hijos, así como demuestran esa tierna propensión a cuidar, proteger y nutrir a su prole. Si el tener y cuidar hijos es un universal humano, entonces, el advenimiento de un invierno demográfico en Paraguay, y en el mundo, nos sugiere una aterradora pregunta: ¿avanzamos hacia tiempos menos humanos?





