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La Albirroja ganó; el Paraguay productivo no

La histórica clasificación de la Selección Paraguaya tras vencer a Alemania es motivo de orgullo para todo el país. La Albirroja volvió a emocionar a millones de paraguayos y nadie puede discutir la importancia deportiva de semejante logro.

Sin embargo, una cosa es celebrar una victoria histórica y otra muy distinta es convertir ese triunfo en una decisión política improvisada que termina afectando a quienes sostienen diariamente la economía nacional.

El presidente de la República, Santiago Peña, decidió decretar feriado nacional para este martes 30 de junio, justo cuando el país llega al cierre del mes, uno de los días de mayor movimiento comercial para miles de empresas, comercios y trabajadores independientes.

La medida se suma a un calendario que ya había estado marcado por dos extensos fines de semana. Primero, el feriado por la Paz del Chaco, que coincidió con un viernes, y luego el traslado del feriado por el Día de la Constitución, generando otro descanso prolongado.

Como si fuera poco, el lunes 29 la actividad económica ya se encontraba prácticamente paralizada desde el mediodía. Muchas oficinas redujeron horarios, comercios cerraron anticipadamente y gran parte del país estaba pendiente del partido de la selección.

En ese contexto, el martes representaba la oportunidad para recuperar parte del movimiento económico perdido y cerrar el mes con normalidad. Esa posibilidad quedó anulada con un decreto firmado de manera sorpresiva.

Más allá del contenido de la decisión, la imagen que acompañó el anuncio generó un fuerte simbolismo. El presidente firmó el decreto desde su residencia, vistiendo la camiseta de la selección, sonriente y con el pulgar hacia arriba, una escena que para muchos transmitió más un clima de celebración que la solemnidad propia de un acto de gobierno.

Mientras tanto, miles de pequeños comerciantes, emprendedores y trabajadores independientes veían desaparecer otro día de ingresos en un momento especialmente importante para cumplir compromisos salariales, financieros y tributarios de fin de mes.

Gobernar implica comprender que detrás de cada jornada laboral existen familias que viven de la venta diaria, negocios que deben afrontar alquileres, proveedores y salarios, además de trabajadores cuya productividad depende directamente de los días efectivamente trabajados.

Celebrar los logros deportivos fortalece la identidad nacional. Pero administrar un país exige equilibrar esa alegría colectiva con decisiones responsables que otorguen previsibilidad y estabilidad a la economía.

El patriotismo no debería medirse por la cantidad de feriados decretados después de una victoria deportiva, sino por la capacidad del Estado de generar condiciones para que quienes producen, invierten y trabajan puedan hacerlo con reglas claras y sin improvisaciones. Porque el Paraguay que aspira al desarrollo necesita festejar sus triunfos, pero también necesita gobernantes que recuerden que el crecimiento económico se construye todos los días, no únicamente cuando rueda la pelota.

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