Hay una discusión que Paraguay debería tener antes de volver a poner la mano en el bolsillo de los ciudadanos: ¿realmente ya no queda nada por ajustar dentro del Estado?
La pregunta cobra especial relevancia después de que el senador Silvio “Beto” Ovelar planteara elevar el Impuesto a la Renta Personal un 40% para obtener recursos destinados al sistema de salud. Frente a esa receta, el senador Gustavo Leite viene planteando una alternativa sustancialmente diferente: antes de cobrar más, revisar cuánto se está gastando, dónde se está gastando y qué puede dejar de gastarse.
Ni siquiera se trata de una discusión ideológica, Leite puso sobre la mesa números y propuestas concretas que deben ser analizadas.
Junto con Antonio Barrios, presentó un proyecto para recortar G. 500.000 millones de partidas consideradas prescindibles y destinarlos a medicamentos e insumos sanitarios. La iniciativa identifica gastos en publicidad y propaganda, ceremoniales, consultorías, alquileres, viáticos, pasajes, publicaciones, informática, mantenimiento, mobiliario y otros rubros administrativos.
La pregunta que corresponde hacerle al Congreso es sencilla: ¿por qué no discutir primero esta alternativa? Porque si existen partidas que pueden ser postergadas sin afectar el funcionamiento esencial del Estado, resulta difícil explicar por qué la primera solución para financiar una necesidad básica deba ser aumentar impuestos.
Leite incluso fue más allá. Según una de sus exposiciones, existen alrededor de US$ 80 millones en gastos que podrían ser recortados o reasignados. Su definición resulta reveladora: “No es que sean innecesarios, son prescindibles”.
Y ahí aparece una diferencia fundamental para el ciudadano que paga impuestos, “prescindible” significa que ese dinero podría tener un destino más importante. Si un hospital necesita medicamentos, si faltan insumos y si el Estado reclama recursos adicionales para sostener determinados servicios, la discusión sobre gastos administrativos secundarios deja de ser una cuestión contable y pasa a convertirse en una cuestión de prioridades.
La propuesta de Leite tampoco termina en un recorte puntual. Su planteamiento incluye una reforma más profunda del aparato estatal, con un programa de retiro voluntario para aproximadamente 100.000 funcionarios, buscando reducir progresivamente el peso de la masa salarial y liberar recursos para las áreas esenciales. Es una discusión que Paraguay viene postergando desde hace años.
El Estado creció, incorporó nuevas estructuras y acumuló obligaciones, pero la ciudadanía continúa enfrentando problemas básicos en salud, educación, seguridad y justicia. Por eso, pretender solucionar cada nueva demanda simplemente aumentando la recaudación puede convertirse en una salida cómoda para la política, pero no necesariamente en una solución para el país.
El problema no es solamente cuánto recauda el Estado. También es cuánto desperdicia.
Leite plantea además transparentar las obligaciones acumuladas. En materia sanitaria cuestionó que se discutan nuevas necesidades presupuestarias sin conocer con precisión cuánto se debe, cuánto corresponde a compromisos anteriores y cuánto dinero está realmente disponible.
Ese punto merece especial atención, porque si el Estado no tiene completamente claro cuánto debe, por qué lo debe y cómo llegó a acumular esas obligaciones, ¿con qué criterio puede determinar cuánto más necesita cobrarle al contribuyente?
La discusión tributaria debería comenzar después de responder esas preguntas, no antes.
Y hay otra vía que Leite plantea y que merece ser considerada: crecer para recaudar más, en lugar de simplemente cobrar más. El senador habló de aprovechar la energía paraguaya para atraer inversiones vinculadas a la inteligencia artificial y señaló que la incorporación de nuevas actividades económicas podría generar ingresos tributarios que hoy no existen. Es una diferencia conceptual importante.
Una cosa es aumentar la tasa sobre quienes ya están dentro del sistema tributario. Otra es ampliar la actividad económica, atraer capital, generar empleo y crear nuevos contribuyentes.
Paraguay necesita discutir seriamente ambas posibilidades. Pero si existen recursos prescindibles, gastos que pueden ser reasignados, estructuras estatales que pueden reformarse, deudas que necesitan transparentarse y oportunidades de inversión que pueden generar nueva recaudación, subir impuestos no debería ser la primera estación del camino.
La salud necesita más recursos, eso no está en discusión; lo que sí está en discusión es de dónde deben salir esos recursos. Y en ese debate, las propuestas de Leite merecen algo más que una declaración política: merecen ser estudiadas, cuantificadas, debatidas públicamente y, si los números las respaldan, implementadas.





