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Producción paraguaya enfrenta nuevas presiones externas mientras el agro prepara otra campaña de soja

El sector productivo paraguayo atraviesa una semana marcada por desafíos que van desde las nuevas exigencias comerciales de la Unión Europea hasta la caída del dólar, mientras los productores comienzan a preparar los campos para la campaña de soja 2026-2027. El panorama combina oportunidades de crecimiento con mayores exigencias para mantener la competitividad de la producción nacional.

En su informe del 28 de agosto, la Unión de Gremios de la Producción (UGP) puso el foco en las condiciones que rodean al acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Si bien el entendimiento abre posibilidades para ampliar el acceso de los productos paraguayos al mercado europeo, el sector advierte sobre regulaciones adoptadas unilateralmente por el bloque que podrían terminar agregando obstáculos al comercio.

El presidente de la UGP, Héctor Cristaldo, cuestionó especialmente los mecanismos europeos de diligencia debida vinculados a la normativa contra la deforestación. Según explicó, Paraguay ya cumple con varios de los requisitos exigidos, pero determinados procedimientos podrían dejar espacio a decisiones basadas en criterios subjetivos. “Se hace una denuncia, ya sea ambiental, y ellos ya te bloquean, no te dan el derecho a defenderte, sino que deciden allá”, señaló.

Uno de los conceptos que genera mayor preocupación es el denominado “cambio de uso de suelo indirecto”. Cristaldo cuestionó la posibilidad de atribuir a una determinada actividad productiva transformaciones que responden a múltiples factores y citó como ejemplo la expansión de la soja y el desplazamiento de la ganadería hacia otras zonas del país.

La UGP también recordó que situaciones similares ya generaron controversias en el comercio de biocombustibles. Aunque el acuerdo contempla un cupo de exportación de 50.000 toneladas, posteriormente la Unión Europea estableció restricciones para el aceite de soja al considerarlo de alto riesgo por deforestación indirecta. “¿Para qué nos dieron un cupo de exportación de biocombustibles de 50.000 toneladas si después nos van a poner trabas?”, cuestionó Cristaldo.

Para el gremio productivo, el desafío consiste en que las oportunidades comerciales no queden condicionadas posteriormente por nuevas disposiciones que alteren las reglas acordadas. “Por encima de la mesa se firman los acuerdos, pero por debajo se hacen las trabas y ponen condiciones fuera de lo acordado”, resumió el titular de la UGP.

Mientras el debate comercial continúa, en el campo las condiciones climáticas generan expectativas positivas para el próximo ciclo agrícola. Productores de distintos puntos del país ya avanzan con la preparación de los suelos y aguardan las lluvias previstas para iniciar la siembra de soja 2026-2027. El lanzamiento oficial de la campaña está previsto para el 4 de septiembre en Maracaná, Canindeyú.

El clima favorable, sin embargo, convive con otro factor que golpea directamente a quienes producen para los mercados externos: la caída del dólar. La cotización se ubicó por debajo de los G. 6.000 y acumuló una disminución cercana al 20% interanual, reduciendo el equivalente en guaraníes de los ingresos que reciben productores y exportadores por sus ventas en el exterior.

El impacto resulta especialmente sensible para el sector agropecuario porque buena parte de sus ingresos se genera en dólares, mientras una proporción importante de sus costos se paga en moneda nacional. A esto se suma el costo del combustible, que según referentes del sector representa entre el 30% y 35% de los costos de producción agrícola.

La presión cambiaria ya trasciende el resultado de una campaña. La Cámara Paraguaya de Exportadores (Capex) advirtió que varias empresas están trabajando con márgenes mínimos o incluso a pérdida para conservar mercados conquistados durante años, una situación que podría afectar especialmente a pequeñas y medianas exportadoras y limitar futuras inversiones.

En paralelo, el informe de la UGP muestra el otro rostro del sector productivo: el de los pequeños productores que buscan soluciones frente a las limitaciones de infraestructura. En Coronel Bogado, Itapúa, Francisco Silva adaptó una motocicleta y le incorporó una sembradora para trabajar las seis hectáreas que cultiva junto a su familia. Dos de esas hectáreas forman parte de parcelas demostrativas del INBIO.

La historia de Silva representa además la combinación entre agricultura familiar, tecnología y conocimiento. Su producción de renta está concentrada en soja y maíz, mientras mantiene cultivos destinados al autoconsumo. El acompañamiento técnico y las parcelas demostrativas buscan acercar materiales y tecnologías al productor directamente en el campo.

El escenario productivo también registra movimientos institucionales. La UGP y el Indert renovaron su alianza para fortalecer a pequeños productores mediante asistencia, tecnología, formalización de tierras y acceso a mercados. Durante 2025, la organización aportó 28.000 kilos de semillas de maíz de alta genética que beneficiaron a 1.440 familias de siete departamentos, mientras para este año se prevé ampliar las acciones.

Por otra parte, el Índice de Precios del Productor registró en julio una caída interanual del 1,5% y acumuló seis meses consecutivos en terreno negativo. La reducción estuvo impulsada principalmente por los menores precios de bienes importados, aunque el comportamiento también refleja una menor dinámica en determinados mercados de materias primas y productos agrícolas.

En el Chaco, el desafío pasa por compatibilizar expansión productiva y conservación. La conformación del Comité de Gestión de la Reserva de la Biosfera del Chaco reúne a instituciones públicas, productores, pueblos indígenas, sector privado y sociedad civil con el objetivo de avanzar hacia reglas claras, ordenamiento territorial y mejores condiciones para producir y conservar los recursos naturales.

El sector arrocero, entretanto, encara una campaña compleja. Feparroz y el Ministerio de Agricultura y Ganadería acordaron avanzar en medidas financieras ante un escenario de precios bajos y los efectos asociados al fenómeno de El Niño. Entre las alternativas planteadas figuran el refinanciamiento de deudas, créditos para capital operativo y plazos diferenciados para inversiones en infraestructura preventiva.

Así, el informe semanal de la UGP deja un escenario con varios frentes abiertos: una nueva campaña agrícola que arranca con optimismo climático, exportadores presionados por el tipo de cambio, mayores exigencias para acceder a mercados internacionales y productores que buscan elevar su productividad mientras enfrentan limitaciones de costos e infraestructura.

El desafío para Paraguay será convertir su capacidad productiva en mayor competitividad, sin permitir que las nuevas reglas del comercio internacional ni las condiciones internas terminen erosionando las oportunidades de crecimiento del sector que sostiene buena parte de la economía nacional.

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