En las primeras páginas de todo libro de economía general es usual encontrar el famoso gráfico donde nos dicen que la fabricación de cañones y mantequilla no pueden realizarse ad infinitum sin reducirse mutuamente la una a la otra: si fabricamos más cañones, necesariamente habremos de elaborar menos mantequilla.

El famoso gráfico cartesiano, donde se representa, en un eje vertical y en uno horizontal, la producción de dos bienes, que por sus características emplean los mismos factores de producción, expresa una relación inversa entre la producción de dos bienes, por lo tanto, nos indica, que ampliar la producción del bien A, inexorablemente disminuye la producción alternativa del bien B. Es una experiencia desagradable lidiar con la realidad, pero así es: los hechos son cosas obstinadas, como dijo John Adams. La relación entre ambas producciones, o entre las cantidades expresadas en la abscisa y la ordenada, en un momento dado, se grafican como una curva, denominada curva de transformación. Esa curva denota, en un punto del tiempo, la frontera de las posibilidades de la producción (FPP) de ambos bienes, o, en otras palabras, hasta donde podemos producir dos bienes que utilizan la misma materia prima, el mismo capital y el mismo espacio. Todo lo anterior, sencillamente es un modelo elegante para describir la desagradable condición a la que nos enfrentamos todos los seres vivos en este planeta, y que nos demanda nuestro mayor esfuerzo para adaptarnos a circunstancias marcadas por el signo de la escasez.
No podemos producir todo lo que nuestros deseos nos demandan porque no disponemos de toda la energía ni materias primas; ni de todo el capital ni espacio, para producir todo lo que nos apetece. Al observar la dolorosa realidad de la escasez el poeta declama ¡Oh, si fuera infinito el poder como el deseo!, mientras el economista reporta fríamente: Frontera de las posibilidades de la producción (FPP). El ejemplo de los cañones versus la mantequilla se puede verificar en millones de otras relaciones entre factores de producción escasos y sus usos infinitos, sin embargo, me quiero detener en el polémico asunto medioambiental. Ciertos sectores ambientalistas ruidosos reclaman que reforestar, al mismo tiempo que se deforesta, ya no es suficiente para cuidar el medioambiente y satisfacer sus exigencias. Han elevado el estándar de sus peticiones: ahora es necesario aumentar la cantidad de bosques vírgenes, incluso, a costa de tener que reducir nuestras producciones de alimentos, industrias y ciudades donde vivir. Si, a costa, digo bien. La realidad es que el mismo concepto bosque virgen esconde una falacia porque los ámbitos forestales o selváticos, de forma natural y espontánea, pasan por tiempos de transformación, destrucción y crecimiento: nunca están estáticos, nunca son vírgenes. Pero más allá de este engaño retórico, el punto que pretendo hacer es que, si queremos aumentar nuestras producciones de alimentos, lo cual lo haría más asequible y barato, sacando del hambre a millones de seres humanos, esa decisión, necesariamente, deberá reducir las cantidades de bosque virgen en un momento dado del tiempo. Esto no quiere decir, ser irresponsables con el medio ambiente, sino al contrario. El hecho de que naturalmente constatamos que la producción de bosque virgen y la producción de alimentos poseen una relación inversa es una expresión de realismo, y ser realista es un paso imprescindible para ser responsables: si queremos aumentar la cantidad de unos de los ejes (bosques vírgenes), deberíamos disminuir la cantidad del otro (producción de alimentos). Frontera de las posibilidades de la producción (FPP).

La elección solo pueden tomarla las personas responsables, los realistas, y la realidad es incontestable y está marcada por el signo irremediable de la escasez. Habremos de hacer todos los arreglos y tomar todos los recaudos para cuidar los bosques, para reforestar y para cuidar las selvas, pero teniendo siempre presente que existe una relación negativa entre cantidad de producción de bosques vírgenes y cantidad de espacio para producir alimentos. La responsabilidad nacerá del equilibrio entre la demanda y la oferta, entendiendo que nuestro primer compromiso es con la humanidad, es ganarle al hambre, es reducir la miseria entre nuestro género: el género humano. La herramienta conceptual de la frontera de las posibilidades de la producción (FPP) nos ayuda a dimensionar lo que está en juego y a entender que nuestras elecciones no suceden en los utópicos parajes de la edad de oro, donde brotan leche y miel, sino en el valle de lágrimas, donde cada elección representa un coste de oportunidad y donde la escasez reina omnipresente.





