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Paraguay ante el fin de una era energética

Durante décadas, Paraguay pudo desarrollarse sobre una condición energética excepcional: electricidad fundamentalmente hidroeléctrica, limpia, abundante y comparativamente barata. Itaipú y Yacyretá hicieron posible esa ventaja.

No están desapareciendo esas centrales ni su enorme valor estratégico. Lo que comienza a terminarse es otra cosa: la posibilidad de suponer que la capacidad ya instalada será suficiente para acompañar indefinidamente el crecimiento del país.

Ese fue quizás el mensaje más importante que dejó este 27 de agosto el Foro “Energía Eléctrica para asegurar la continuidad del desarrollo en Paraguay”, realizado en Asunción a instancia del Instituto de Desarrollo del Pensamiento Patria Soñada (IDPPS), con la participación del Centro Paraguayo de Ingenieros y del Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE), además de especialistas vinculados a las distintas alternativas de generación analizadas.

El Ing. Ángel María Recalde puso cifras al problema. El consumo eléctrico paraguayo pasó de 10.198 GWh en 2010 a 29.419 GWh en 2025. En los últimos cinco años considerados, el consumo creció a una tasa media anual del 10,5 %.

Las actuales fuentes permiten una disponibilidad máxima cercana a 51.400 GWh anuales, pero el sistema no puede consumir toda esa capacidad sin comprometer su seguridad. Preservando la reserva estratégica, la energía disponible para planificación se reduce a aproximadamente 41.120 GWh/año.

De allí surge un horizonte que atravesó el foro: 2028–2030 constituye un período crítico. Las estimaciones presentadas indican requerimientos adicionales de potencia de aproximadamente 493 MW en 2028, 575 MW en 2030 y 844 MW hacia 2035.

La pregunta, por tanto, ya no es si Paraguay necesitará nueva generación. La pregunta es qué puede construir a tiempo.

Las grandes hidroeléctricas continúan siendo fundamentales para el futuro. Corpus, Itacorá–Itatí y las ampliaciones de Itaipú y Yacyretá representan enormes posibilidades, pero sus cronogramas se miden en diez, trece o catorce años.

Por eso el Ing. Héctor Richer Becker, del IPPSE, presentó un abanico mucho más amplio: solar con almacenamiento, interconexiones regionales, pequeñas hidroeléctricas, generación térmica, eólica y nuclear.

Esto obliga a abandonar una discusión simplista sobre cuál fuente es “mejor”. Cada una cumple funciones distintas y responde a tiempos diferentes.

Los ríos interiores y el capital privado

Uno de los aportes que considero más importantes fue el del Ing. Guillermo Krauch sobre el potencial hidroeléctrico de los ríos interiores.

El relevamiento presentado identifica 1.745 emplazamientos en 16 cuencas de la Región Oriental, con unos 523,9 MW medios y una potencia hidroeléctrica potencial superior a 1.047 MW.

No todo ese potencial llegará necesariamente a convertirse en centrales. Cada emplazamiento deberá demostrar su viabilidad.

Pero las pequeñas centrales hidroeléctricas presentan dos ventajas que merecen especial atención: pueden desarrollarse con capital privado y distintos proyectos pueden ejecutarse simultáneamente. Eso cambia la ecuación.

Paraguay no tendría que esperar exclusivamente grandes obras binacionales financiadas y negociadas durante más de una década. Podría incorporar progresivamente generación distribuida, acercándola además a los grandes corredores industriales y productivos.

Las cuencas del norte y nordeste de la Región Oriental abren, a su vez, una perspectiva territorial particularmente interesante: esa generación puede contribuir al fortalecimiento energético del Chaco a través de un sistema de transmisión cada vez más integrado entre el Norte y la Región Occidental.

No deberíamos pensar la energía solamente desde Itaipú hacia el resto del país. También podemos comenzar a pensarla desde las regiones hacia el sistema.

El gas puede convertir al Chaco en generador

La intervención del Ing. Guillermo Franco incorporó otro elemento que, a mi juicio, Paraguay no puede seguir tratando como marginal: el gas natural.

La presentación recordó estimaciones de la EIA y ARI de 2013 que atribuyen a Paraguay aproximadamente 75 Tcf de recursos técnicamente recuperables de shale gas. Es fundamental precisar el concepto: hablamos de recursos estimados, no de reservas probadas ni todavía comercialmente explotables. Pero la magnitud justifica completar la exploración.

El planteamiento expuesto fue particularmente interesante porque rompe el conocido círculo entre infraestructura y descubrimiento: si no existe mercado ni gasoducto, explorar resulta menos atractivo; si no existe gas confirmado, cuesta justificar la infraestructura.

La propuesta consiste en utilizar inicialmente gas argentino, aprovechando el enorme desarrollo de Vaca Muerta, para crear infraestructura, mercado y generación térmica en Paraguay. Una primera central podría operar con gas importado y las siguientes incorporar progresivamente gas paraguayo cuando el recurso nacional se transforme efectivamente en reserva comercial.

El Gasoducto Bioceánico adquiere, bajo esa perspectiva, una dimensión que excede al simple tránsito de una molécula. Podría convertirse en infraestructura habilitante del desarrollo gasífero paraguayo.

Según lo expuesto, una central a gas en el Chaco podría producir electricidad en el entorno de USD 80/MWh utilizando inicialmente gas argentino. No sería la energía más barata presentada en el foro, pero tendría una diferencia determinante: sería energía firme producida precisamente en una zona donde hoy la red es más débil. Eso permitiría además estabilizar el sistema y acompañar una mayor incorporación de energía solar.

Mi lectura es clara: si Paraguay consigue demostrar comercialmente su recurso gasífero, el norte del Chaco podría dejar de ser solamente un territorio demandante de electricidad y convertirse también en un polo de generación firme para la matriz nacional.

Nuclear: empezar ahora para tener una opción mañana

El Dr. PhD Jorge Molina, Ministro de la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear, introdujo una tercera dimensión: la nueva generación nuclear.

Ya no se habló solamente de las enormes centrales nucleares tradicionales. Los microrreactores y pequeños reactores modulares —SMR— permiten pensar potencias mucho menores, escalables y eventualmente aplicables a polos industriales, comunidades remotas o puntos específicos del sistema.

Molina fue también claro respecto de una condición previa: Paraguay no puede simplemente decidir comprar un reactor.

Debe desarrollar legislación, regulación, una autoridad preparada para estas nuevas exigencias, formación de ingenieros, físicos, técnicos y abogados especializados, estudios de emplazamiento, seguridad y cooperación internacional.

La estrategia presentada plantea comenzar con microrreactores, cuya disponibilidad general se proyecta hacia 2032, aunque algunos modelos podrían aparecer antes, y considerar los SMR aproximadamente desde 2035.

Eso significa que la energía nuclear no resolverá la urgencia inmediata, pero tampoco puede comenzar a estudiarse recién cuando sea necesaria. Si Paraguay quiere conservar esa opción, tiene que empezar a prepararla ahora.

Diversificar no significa instalar cualquier cosa en cualquier lugar

Aquí agregaría una precaución propia. No comparto que la diversificación energética deba llevar automáticamente a convertir al Chaco en territorio para grandes parques eólicos. Una tecnología no es adecuada simplemente porque sea catalogada como renovable.

El Chaco posee condiciones ambientales propias, un régimen hídrico particularmente sensible y una producción adaptada durante décadas a esas limitaciones. Cualquier desarrollo eólico de escala debería demostrar previamente no solo su rentabilidad y su capacidad de generación, sino también sus efectos acumulativos sobre el territorio y la dinámica atmosférica local, incluida la posible incidencia de grandes conjuntos de aerogeneradores sobre circulación, humedad, nubosidad y precipitaciones. La tecnología debe adaptarse al territorio y no el territorio a la tecnología.

Paraguay tiene suficientes alternativas como para no convertir ninguna región en laboratorio de soluciones elegidas de antemano.

Una matriz pensada desde el territorio

Lo que surgió del foro permite imaginar una matriz paraguaya mucho más inteligente que la simple sustitución de una fuente por otra. Las grandes hidroeléctricas seguirían siendo su columna vertebral. Las PCH desarrolladas con capital privado podrían incorporar generación distribuida desde la Región Oriental y apoyar los principales corredores industriales.

El gas natural podría aportar generación firme desde el norte del Chaco, primero eventualmente con molécula argentina y luego con recurso paraguayo si la exploración confirma su viabilidad comercial.

La solar con almacenamiento puede aportar capacidad con plazos relativamente breves.

Los microrreactores pueden convertirse, desde la próxima década, en una alternativa de generación firme y localizada si Paraguay comienza ahora a desarrollar las condiciones institucionales necesarias.

Y las interconexiones regionales pueden funcionar como instrumentos de flexibilidad, aunque sin confundir importación de electricidad con autonomía energética.

No necesitamos escoger hoy una única fuente para los próximos treinta años. Necesitamos ordenar una secuencia. Resolver la urgencia. Movilizar capital privado. Construir transmisión. Desarrollar nuestros propios recursos. Preservar la reserva estratégica. Preparar las tecnologías del futuro.

La gran ventaja hidroeléctrica paraguaya no desaparecerá, pero la próxima generación de electricidad será más costosa y requerirá decisiones mucho más complejas.

Paraguay todavía tiene recursos. Todavía tiene alternativas. Y todavía tiene tiempo. Pero cada año que se pierde reduce esas tres ventajas.

La próxima ventaja energética del Paraguay ya no será simplemente heredada. Tendrá que ser planificada, financiada y construida con criterio propio, desde sus recursos y de acuerdo con su territorio.

Autor

Cynthia Peña Ros
Cynthia Peña Ros
Abogada y Notaria Pública Magíster en Derecho Agroalimentario

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