El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea abrió para Paraguay una oportunidad comercial que no debería medirse solamente por la cantidad de productos que podrán ingresar al mercado europeo, sino también por la capacidad real que tendrá el país para aprovechar esos beneficios.
Por eso, el reclamo paraguayo de acceder al 25% de las cuotas arancelarias no es un pedido secundario ni una discusión burocrática entre socios del bloque. Es una cuestión de equidad dentro del Mercosur y de capacidad para convertir un acuerdo histórico en resultados concretos para la producción nacional.
Las cuotas establecen volúmenes determinados de productos que pueden ingresar a la Unión Europea bajo condiciones arancelarias preferenciales. Entre los rubros alcanzados se encuentran productos de gran importancia para Paraguay, como la carne bovina, la carne aviar y otros alimentos. El problema aparece cuando ese beneficio debe repartirse entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
La posición paraguaya es que cada socio debe recibir una cuarta parte de los contingentes, es decir, el 25%. El propio Gobierno sostiene que esa distribución permitiría evitar que el acceso quede condicionado por quién logra colocar primero su producción.
Para Paraguay, ese 25% tiene un significado que va más allá del porcentaje. El país tiene una economía abierta, una fuerte dependencia de las exportaciones agropecuarias y una necesidad permanente de ampliar mercados de alto poder adquisitivo.
Tener una participación definida en las cuotas permitiría a los productores y exportadores planificar inversiones, aumentar su capacidad de producción y trabajar con mayor previsibilidad sobre un mercado que representa una oportunidad estratégica para la carne y otros productos nacionales.
Brasil y Argentina cuentan con mercados internos y estructuras productivas de una escala muy superior a la paraguaya. Precisamente por eso, una distribución equitativa puede funcionar como una herramienta para que el acuerdo no profundice las asimetrías existentes dentro del bloque.
La discusión adquiere mayor relevancia porque el acuerdo comenzó su aplicación provisional el 1 de mayo de 2026, después de más de 25 años de negociaciones. Nuestro país tuvo además un papel importante en la culminación del proceso durante su presidencia pro tempore del Mercosur. Ahora corresponde que los beneficios de ese entendimiento también se traduzcan en oportunidades concretas para los sectores productivos nacionales.
La reunión prevista para octubre será una instancia importante para avanzar en la distribución de los contingentes. Paraguay ya dejó establecida su posición: reclama el 25% y considera que ese porcentaje constituye una referencia justa entre los cuatro miembros fundadores.
Defender el 25% no debería interpretarse como una disputa entre Paraguay y sus socios del Mercosur, es una posición vinculada con la necesidad de que un acuerdo comercial histórico genere oportunidades proporcionales para todos sus integrantes.
Para Paraguay, una cuota equitativa significa previsibilidad, inversión, producción y acceso a un mercado de alto valor. Ceder ese espacio antes de que comience realmente a aprovecharse sería renunciar a una parte importante de los beneficios que el país buscó durante décadas.





