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Un dólar bajo puede costarle caro a la economía

La caída del dólar frente al guaraní comienza a generar una preocupación que va más allá de los números y las cotizaciones. Para las empresas que exportan, el problema ya se siente en las cuentas y en la rentabilidad de sus operaciones. Mientras los costos de producción se mantienen o incluso aumentan, los ingresos que reciben por sus ventas al exterior son cada vez menores cuando los convierten a moneda nacional. En esas condiciones, seguir exportando a determinados mercados puede dejar de ser conveniente.

Algunas empresas ya están evaluando reducir sus envíos porque los números no cierran. No es una decisión sencilla, especialmente para quienes llevan años construyendo relaciones comerciales, buscando compradores y posicionando productos paraguayos en el exterior. Sin embargo, cuando una operación deja de generar ganancias, mantenerla también puede convertirse en un riesgo para el negocio.

El problema es que abandonar o reducir la presencia en un mercado puede tener consecuencias que van mucho más allá de una venta que no se concreta. Paraguay compite con otros países que buscan colocar los mismos productos y que también trabajan para ganar espacio en los mercados internacionales. Si una empresa paraguaya pierde competitividad por sus costos, otro proveedor puede ocupar su lugar y quedarse con ese comprador. Recuperar después ese espacio no siempre resulta fácil porque los negocios se construyen con confianza, precios y capacidad de cumplir con los compromisos.

Tampoco se trata de un problema que afecte únicamente a las grandes empresas. Detrás de cada exportación existe una cadena de trabajo que involucra a productores, industrias, transportistas, trabajadores rurales, servicios logísticos y proveedores. Cuando las ventas externas disminuyen, el impacto puede llegar a todos esos sectores. Primero se frenan inversiones o nuevas contrataciones, luego pueden aparecer ajustes en la producción y, si la situación se prolonga, los puestos de trabajo también quedan expuestos.

Paraguay necesita seguir exportando y ampliar su presencia en el mundo, pero para lograrlo debe ofrecer condiciones que permitan competir. La calidad de los productos, la disponibilidad de materia prima y el esfuerzo de las empresas no siempre son suficientes cuando los costos internos terminan dejando al exportador en desventaja frente a sus competidores. La pérdida de rentabilidad puede frenar proyectos, limitar la producción y reducir el interés por buscar nuevos mercados.

Es cierto que un dólar más bajo también tiene efectos positivos, ya que puede abaratar las importaciones, aliviar algunos costos para las empresas que compran insumos en el exterior y favorecer a los consumidores, pero ese beneficio debe analizarse junto con las dificultades que enfrentan quienes producen y venden fuera del país. Una economía necesita equilibrio, porque no puede sostener su crecimiento si una parte importante de su sector productivo pierde capacidad para competir.

Por eso, los reclamos de los exportadores merecen ser escuchados y analizados con seriedad. No se trata de exigir una cotización determinada ni de desconocer las condiciones del mercado cambiario, sino de entender qué está pasando con las empresas y qué consecuencias puede tener esta situación si se mantiene en el tiempo. El Gobierno y el sector privado necesitan sentarse a discutir alternativas, revisar los costos que afectan a la producción y evaluar medidas que ayuden a sostener la actividad.

La preocupación no debería centrarse solamente en cuánto sube o baja el dólar cada día, sino en lo que ocurre cuando las empresas empiezan a dejar de exportar porque ya no encuentran rentabilidad. Perder un mercado significa perder clientes, oportunidades de negocio y, en muchos casos, años de trabajo. También significa poner en riesgo empleos y frenar el movimiento económico que generan las exportaciones.

Paraguay hizo un esfuerzo importante para posicionar sus productos en el exterior y abrir nuevos destinos. Ese trabajo necesita continuidad y condiciones que permitan sostenerlo. Escuchar a quienes están en contacto directo con los mercados internacionales y buscar respuestas antes de que los problemas se profundicen es parte de ese desafío porque la competitividad no se pierde de un día para otro, pero recuperarla puede llevar mucho más tiempo.

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