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Más impuestos no: el problema es el tamaño del Estado, no el bolsillo del ciudadano

Las declaraciones del senador Kobylianski (ex Cruzada Nacional), quien sostuvo que hablar de un aumento de impuestos ya no debería ser una «mala palabra», reavivan un debate que golpea directamente a quienes producen, trabajan y sostienen la economía paraguaya.

Presentar una suba de impuestos como la solución al déficit de la Caja Fiscal parte de una premisa equivocada: que el problema es que el Estado recauda poco. Sin embargo, para muchos economistas, empresarios y trabajadores, el verdadero problema es que el Estado gasta mal, mantiene estructuras ineficientes y posterga las reformas de fondo.

La ciudadanía difícilmente esté «mentalizada» para pagar más impuestos. Por el contrario, existe un creciente consenso de que Paraguay debe avanzar hacia un Estado más eficiente, con menos burocracia, menor presión tributaria y reglas claras que atraigan inversiones.

La experiencia internacional ofrece ejemplos elocuentes. Durante años, Argentina respondió a sus déficits con nuevos impuestos y aumentos en las alícuotas existentes. El resultado fue una de las mayores presiones tributarias de la región, sin que ello resolviera el desequilibrio fiscal de manera sostenible. Lejos de eliminar el déficit, la elevada carga impositiva convivió con inflación, menor inversión, pérdida de competitividad y un crecimiento persistente de la economía informal.

La evidencia demuestra que subir impuestos no garantiza una mayor recaudación ni mucho menos prosperidad. Cuando la presión fiscal se vuelve excesiva, muchas inversiones se frenan, disminuye la creación de empleo formal y la economía pierde dinamismo.

Paraguay ha construido parte de su atractivo regional precisamente sobre un sistema tributario relativamente simple y competitivo. Renunciar a esa ventaja para seguir financiando un Estado que no encara las reformas estructurales sería un retroceso.

Antes que pedir un esfuerzo adicional a los contribuyentes, el debate debería centrarse en cómo reducir gastos innecesarios, combatir el despilfarro, transparentar el uso de los recursos públicos y generar las condiciones para que lleguen más inversiones, se abran nuevas empresas y se creen más empleos.

Porque la verdadera salida al déficit no pasa por sacar más dinero del bolsillo de quienes producen riqueza, sino por construir una economía que genere más riqueza para todos.

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