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¿El regreso del liberalismo?

Las elecciones internas del Partido Liberal Radical Auténtico dejaron una conclusión difícil de ignorar: las bases liberales decidieron poner fin al ciclo político del efrainismo y abrir una nueva etapa para el principal partido de oposición del país.

La derrota fue mucho más que la caída de un sector interno. Representó el rechazo a una estrategia que, durante años, apostó por acercar al PLRA a sectores progresistas y de izquierda bajo la premisa de que esa era la única forma de enfrentar al Partido Colorado.

Sin embargo, los resultados nunca acompañaron esa apuesta. Elección tras elección, el liberalismo fue perdiendo identidad, cohesión interna y capacidad de liderazgo. Lo que alguna vez fue uno de los grandes partidos históricos del Paraguay comenzó a ser percibido por muchos de sus propios afiliados como una estructura puesta al servicio de proyectos políticos ajenos a su tradición.

No deja de ser una paradoja. El partido de Eusebio Ayala. El partido del Mariscal José Félix Estigarribia. El partido que protagonizó capítulos fundamentales de la historia nacional terminó convertido, en numerosas ocasiones, en el principal proveedor de votos para sectores de izquierda que, por sí solos, nunca lograron construir una base electoral significativa.

Los partidos políticos no sobreviven únicamente por aquello a lo que se oponen. Sobreviven por aquello que representan.

Y durante demasiado tiempo una parte importante del electorado liberal sintió que el PLRA había dejado de representar al liberalismo para convertirse en una alianza permanente de sectores cuya única coincidencia era el rechazo al coloradismo. Las internas del domingo parecen haber sido una respuesta a ese proceso.

La victoria de una nueva conducción abre la posibilidad de que el partido recupere una identidad más clara, más coherente con su historia y más conectada con los principios que durante décadas definieron al liberalismo paraguayo.

Eso no significa renunciar al diálogo ni a los acuerdos políticos. Toda democracia necesita consensos y capacidad de entendimiento entre fuerzas distintas. Pero una cosa es construir alianzas y otra muy diferente es diluir la propia identidad hasta el punto de dejar de reconocerla.

Por eso el resultado de estas elecciones trasciende los nombres propios. Lo que está en juego es la posibilidad de que el PLRA vuelva a ejercer su papel histórico como una oposición seria, responsable y con proyecto propio, en lugar de funcionar como un vehículo electoral para agendas que poco tienen que ver con su tradición política.

Resulta inevitable preguntarse qué habrían pensado Eusebio Ayala o el Mariscal Estigarribia al ver a su partido asociado de manera permanente a sectores que históricamente combatieron muchas de las ideas de libertad política, institucionalidad republicana y desarrollo nacional que inspiraron al liberalismo paraguayo.

La pregunta puede incomodar, pero también ayuda a comprender la magnitud del cambio que expresaron las urnas.

Las internas de 2026 no solucionan automáticamente los problemas del PLRA. El partido sigue enfrentando desafíos importantes y deberá reconstruir liderazgos, fortalecer su estructura y recuperar la confianza de amplios sectores de la ciudadanía. Pero al menos existe una señal de esperanza.

Porque una democracia fuerte necesita una oposición fuerte.

Y una oposición fuerte solo puede construirse sobre la base de convicciones propias, identidad política y coherencia histórica.

Quizás ese haya sido el verdadero mensaje de los afiliados liberales: el liberalismo paraguayo quiere volver a ser liberal.

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