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FACSO y la desconexión con el Paraguay real

Por momentos, pareciera que algunas instituciones académicas paraguayas viven más pendientes de los debates ideológicos importados desde Europa y Norteamérica que de los problemas reales que enfrentan los ciudadanos a los que dicen servir.

La reciente convocatoria de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción (FACSO-UNA) para un espacio de formación sobre feminismos, género e igualdad de género vuelve a poner en evidencia una tendencia que desde hace años genera cuestionamientos dentro y fuera de la academia: la creciente distancia entre ciertos sectores universitarios y las preocupaciones cotidianas de la sociedad paraguaya.

Según la propia convocatoria, el objetivo es generar un espacio de reflexión sobre feminismos, género e igualdad de género para promover un pensamiento crítico sobre las desigualdades y contribuir a la construcción de sociedades democráticas. Las clases serán impartidas por especialistas en género, igualdad, no discriminación y políticas públicas seleccionados por la propia institución.

La pregunta es inevitable: ¿es realmente esta una de las prioridades más urgentes para los jóvenes paraguayos? ¿es inteligente destinar los escasos recursos en estas actividades? Mientras la academia continúa rezagada en investigación científica, innovación tecnológica, competitividad internacional y formación técnica especializada, una parte de ésta parece empeñada en reproducir agendas ideológicas que nacieron en contextos sociales, culturales y económicos completamente distintos al nuestro.

No se trata de negar la existencia de desigualdades ni de rechazar el debate académico. Toda universidad debe ser un espacio para la discusión de ideas. El problema surge cuando determinadas corrientes dejan de presentarse como una perspectiva entre muchas posibles y pasan a ocupar una posición privilegiada dentro de la estructura universitaria, desplazando otros enfoques y otras prioridades.

En Paraguay existe una realidad social, cultural e histórica propia. Existe una identidad nacional construida sobre tradiciones, costumbres y valores que no necesariamente coinciden con los paradigmas promovidos desde organismos internacionales, fundaciones extranjeras o centros académicos globales.

Sin embargo, con frecuencia se observa cómo determinados sectores universitarios adoptan sin mayor cuestionamiento conceptos, categorías y debates elaborados en otras latitudes, asumiendo que deben ser replicados localmente como si se tratara de verdades universales e indiscutibles.

El resultado es una creciente desconexión entre parte de la academia y amplios sectores de la ciudadanía.

Mientras la sociedad demanda soluciones para la inseguridad, el empleo, la calidad educativa, la infraestructura o el desarrollo económico, algunas facultades parecen concentrar buena parte de sus esfuerzos en promover discusiones identitarias que difícilmente ocupan un lugar prioritario en las preocupaciones diarias de la mayoría de los paraguayos.

La universidad pública cumple una función esencial en cualquier sociedad: formar profesionales capaces, generar conocimiento útil y aportar soluciones a los desafíos del país. Sin embargo, cuando una institución académica concentra cada vez más esfuerzos en promover determinadas corrientes ideológicas, corre el riesgo de relegar aquellas prioridades que afectan directamente a la mayoría de los ciudadanos. El problema no radica en debatir ideas, sino en perder de vista la realidad nacional y las necesidades concretas de la sociedad a la que debe servir. Cuando una universidad deja de interpretar las inquietudes de su comunidad y comienza a reproducir agendas alejadas de su contexto social y cultural, se produce una desconexión que termina debilitando su papel como espacio de formación y desarrollo para el país.

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