Las recientes declaraciones del expresidente boliviano Evo Morales volvieron a generar controversia en medio de la crisis política que atraviesa Bolivia. En referencia a las protestas contra el gobierno de Luis Arce, el exmandatario afirmó que “si quiere evitar un baño de sangre, la pacificación pasa por sucesión y elecciones”.
La frase fue interpretada por numerosos sectores como una forma de presión política incompatible con los principios democráticos, al sugerir que la estabilidad del país dependería de la salida anticipada del actual presidente y de la convocatoria a nuevos comicios.
Morales también sostuvo que las demandas impulsadas por su sector solo podrán concretarse cuando vuelvan a ocupar el poder, una afirmación que refuerza la percepción de que considera al Estado como una herramienta al servicio de una corriente política determinada y no como una institución al servicio de todos los ciudadanos.
En una democracia, las diferencias deben resolverse mediante el diálogo, el respeto a la Constitución y los procesos electorales establecidos por la ley, no mediante bloqueos, presiones o advertencias sobre eventuales escenarios de violencia.
Las declaraciones del exmandatario resultan particularmente sensibles debido a los antecedentes que marcaron los últimos años de su trayectoria política, incluyendo los cuestionamientos surgidos tras sus intentos de mantenerse en el poder pese al rechazo expresado por los ciudadanos en el referéndum de 2016.
En un momento en que Bolivia necesita estabilidad y acuerdos para enfrentar sus desafíos económicos y sociales, condicionar la paz pública a objetivos políticos específicos constituye un mensaje que contribuye más a la confrontación que a la búsqueda de soluciones democráticas.





