Lo primero que debemos tener muy presente es que todas las últimas elecciones realizadas en las Américas han sido ganadas por candidatos alineados con la ideología de derecha o más propiamente dicho desmarcados de los postulados progresistas y de la agenda castro-chavista enmarcada en carteles criminales trasnacionales como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.
Tal vez el pionero de toda esta gran hazaña lo representa Nayib Bukele en El Salvador en 2019, seguido tímidamente por el uruguayo Luís Lacalle Pou en 2020, pero en definitiva quien encarnó la batalla ideológica e incluso a escala regional, sin duda fue Javier Milei en Argentina, cuando fue electo Diputado Nacional el 2021.
A mediados del 2025 y lo que va del 2026, los pueblos hispanoamericanos se han inclinado por darle la espalda a la agenda izquierdista, eligiendo candidatos desmarcados provenientes de dicha corriente, casos de Honduras, Costa Rica y recientemente tanto Perú como Colombia.
Personalmente no me atreví a hacer un pronóstico en Perú, dado lo extremadamente impredecible de la política del país andino las últimas décadas, luego de la primera vuelta marcada por múltiples irregularidades que afectaron negativamente a Rafael López Aliaga, quedando Keiko Fujimori y Roberto Sánchez para el balotaje, allí dije que cualquiera podía ganar. Hasta que una vez escrutadas todas las actas nacionales y se inició el conteo de los votos tanto del exterior como de las Actas Observadas, allí en el podcast Los Liberales de Morás, si predije la victoria de la centro-derechista Fujimori sobre Sánchez por un estrecho margen, oscilando entre los 10 mil a los 30 mil votos, hoy la diferencia es poco más de 40 mil votos.
En el caso de otro país andino como lo es Colombia y al que conozco más – razonablemente dada mi condición de venezolano y donde impartí enseñanza en la prestigiosa Universidad Javeriana de Bogotá- me atreví a predecir desde el año pasado que Abelardo de la Espriella sería el próximo presidente de Colombia, a pesar de ser un outsider y no contar con la bendición formal del expresidente Uribe.
Ahora bien, hay dos elementos que quiero discutir con Uds., primero el carácter golpista, ergo, anti-democrático de la izquierda chavista de la región cuya primera opción es desconocer los resultados cuando no les favorecen y cantar fraude, caso de Sánchez en Perú y Petro en Colombia, manchando la elección y lo que es peor, socavando la institucionalidad misma sobre la base de amenazas de violencia y caos.
Un segundo aspecto, no menos despreciable, son las causas estructurales de la derrota de la izquierda castro-chavista de la región. Veamos, el modelo como tal y con ello las políticas públicas en los diversos órdenes de la vida societal desarrollados desde la perspectiva neocomunista o progresista conducen al fracaso, sólo generan mayor pobreza y terminan empobreciendo justamente a quienes dicen defender, en eso Venezuela es desgraciadamente el ejemplo más nítido, pero también le siguen la Bolivia del cocalero-pederasta Evo Morales.
Es decir, los gobiernos de la izquierda terminan en pésimas gestiones marcadas fundamentalmente no sólo por corrupción sino por un sistemático saqueo de las arcas del Estado y mimetización de autoridades del Estado con el crimen organizado trasnacional, de vuelta, Venezuela seguida de Argentina como los casos más escandalosos, pero también se suma el México de MORENA (Andrés López y Sheinbaum), llevando al país azteca a la vergüenza mundial en plena Copa de la FIFA 2026.
Algunos colegas me comentan sobre el factor Trump o más concretamente el cierre de la agencia USAID, que terminó reducida como una gestora de fondos estadounidenses para aparatos operativos de la izquierda en le región. Si bien es cierto que no me atrevo a negar su efecto, no lo ubico como un factor preponderante en ese histórico retroceso de la izquierda en la región, tiendo a ubicarlo como un factor complementario de las razones estructurales ya antes esgrimidas.
Para cerrar, sólo les debo señalar que el triunfo no termina en la victoria electoral tanto de Fujimori como de De La Espriella, ni tan siquiera con su proclamación o juramentación, al ser gobiernos resultados de márgenes muy estrechos encontrarán sociedades profundamente divididas y casi que intra-países dentro de un mismo país, que estarán bajo el asedio de una oposición que sin duda optará por el terrorismo urbano para desestabilizar el país y propugnar la caída de los gobiernos resultantes de las elecciones.





