El senador brasileño denunció un fraude electoral, acusó al Poder Judicial de utilizar las instituciones como instrumentos de persecución política y prometió continuar la lucha contra lo que define como un régimen autoritario.
Flávio Bolsonaro rompió el silencio tras abandonar Brasil y difundió una declaración en la que desconoce la legitimidad del resultado electoral del 25 de octubre, denuncia persecución política y anuncia que continuará encabezando la oposición desde Estados Unidos, donde afirma haberse trasladado junto a su familia para resguardarse de lo que considera una escalada autoritaria.
En el documento, el dirigente brasileño sostiene que la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva fue producto de irregularidades electorales y acusa a las autoridades de permitir que se consumara un resultado que considera ilegítimo. Bolsonaro afirma que Lula habría sumado más de diez millones de votos entre la primera y la segunda vuelta, una diferencia que califica de matemáticamente imposible.
También cuestiona decisiones del Tribunal Superior Electoral, denuncia supuestas irregularidades durante la jornada de votación y señala presuntos abusos de poder político y económico a favor de la fórmula de Lula da Silva y Geraldo Alckmin.
Para Bolsonaro, lo ocurrido no representa únicamente una controversia electoral, sino una amenaza directa a la democracia brasileña. En su interpretación, las instituciones del país han dejado de actuar como garantes del Estado de derecho y se han convertido en herramientas de un sistema destinado a neutralizar a sus adversarios.
Uno de los pasajes más contundentes de la declaración está dirigido al Supremo Tribunal Federal. Bolsonaro acusa a sectores del Poder Judicial de impulsar una persecución contra su familia y contra miles de brasileños que cuestionan al gobierno y a las instituciones.
El senador afirma que la respuesta judicial a sus cuestionamientos electorales llegó pocos minutos después de que denunciara el supuesto fraude. Según su versión, las actuaciones contra él forman parte de una estrategia para impedir su participación política, intimidar a sus aliados y silenciar a quienes se oponen al oficialismo.
En ese contexto, sostiene que existe un patrón de presión que incluye restricciones judiciales, censura y amenazas de encarcelamiento. También asegura que no existe una orden de prisión en su contra y presenta su situación como parte de una campaña políticamente motivada.
Bolsonaro describe el escenario brasileño como un régimen de excepción y advierte que la concentración de poder y la falta de contrapesos institucionales representan un peligro para las libertades públicas.
Bolsonaro también dirige un mensaje a los senadores, diputados y gobernadores que llegaron a sus cargos con su apoyo. En particular, menciona a Rogério Marinho, a quien identifica como su candidato para presidir el Senado brasileño.
El senador asegura que asumirá desde el exterior el papel de portavoz de una oposición que, en su opinión, enfrenta restricciones para ejercer plenamente sus funciones políticas. Su declaración busca mantener cohesionada a la dirigencia aliada y proyectar una continuidad del movimiento bolsonarista pese a su salida del país.
Además, hace un llamamiento a las instituciones brasileñas para que pongan fin a lo que califica como una situación de arbitrariedad y restablezcan el equilibrio entre los poderes del Estado.
El documento utiliza referencias históricas de dirigentes que enfrentaron conflictos políticos desde el exilio, como Rui Barbosa, Charles de Gaulle y José Martí, además de mencionar a figuras de la oposición venezolana.
La declaración concluye con un llamado a los brasileños que desean un cambio para que mantengan la movilización y no abandonen la oposición. Bolsonaro promete continuar la lucha hasta que, según sus palabras, Brasil vuelva a ser un país libre.








