Un informe de la organización estadounidense Equipping the Persecuted denuncia una escalada de violencia contra comunidades cristianas. Los ataques, concentrados en el Cinturón Medio del país, han provocado asesinatos, secuestros, desplazamientos masivos y la destrucción de cientos de comunidades.
La persecución contra los cristianos en Nigeria continúa dejando un saldo devastador. Un informe publicado el 18 de septiembre de 2026 por la organización estadounidense Equipping the Persecuted (ETP) contabiliza al menos 4.216 cristianos asesinados entre el 1 de enero y el 8 de septiembre. Según sus registros, el promedio equivale a 16,8 muertes diarias: un cristiano asesinado cada 86 minutos.
El documento, titulado Crisis in the Middle Belt: Religious Persecution and Security Failure in Nigeria, identifica como principales focos de violencia los estados de Benue, Plateau, el sur de Kaduna, Taraba, Nasarawa, Níger y Kwara. Allí, grupos armados atacan aldeas agrícolas de mayoría cristiana, asesinan residentes, secuestran personas, incendian viviendas e iglesias y destruyen reservas de alimentos, obligando a los supervivientes a abandonar sus tierras.
ETP aclara que las 4.216 muertes representan un mínimo documentado. Además, estima que más de cinco millones de cristianos han sido desplazados y que más de 600 comunidades cristianas fueron destruidas o quedaron vacías por la violencia. En una sola semana de septiembre, su red Truth Nigeria registró más de 70 secuestros y al menos 35 muertos.
Una violencia que va más allá de las disputas rurales
La organización rechaza que los ataques puedan explicarse únicamente como conflictos entre pastores y agricultores. Según su informe, una parte sustancial de la violencia tiene motivaciones religiosas y es ejecutada por redes militantes organizadas. En su base de datos Nigeria Terror Tracker, ETP atribuye a actores vinculados con milicias fulani más víctimas que a Boko Haram y a la Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP) juntos, en periodos comparables de 2025 y 2026.
Judd Saul, fundador de la organización, pidió a Naciones Unidas y al Gobierno estadounidense que presten mayor atención a la crisis y reclama identificar a los responsables, sus financiadores y las redes de suministro de armas. ETP afirma haber emitido más de 200 alertas de posibles ataques, con una tasa de acierto del 93%.
Otras organizaciones también documentan miles de víctimas, aunque con cifras diferentes según sus métodos y periodos de registro. Intersociety contabilizó 3.083 cristianos asesinados y 3.193 secuestrados entre enero y agosto de 2026.
Una crisis que exige respuestas
El informe no establece por sí solo si los crímenes alcanzan la definición jurídica de genocidio, pero describe una emergencia marcada por asesinatos, secuestros, iglesias atacadas y comunidades enteras obligadas a huir.
El balance expone una realidad difícil de ignorar: miles de cristianos han perdido la vida y millones han sido desplazados mientras la violencia continúa golpeando sus comunidades. ETP reclama protección efectiva para la población amenazada, investigaciones contra los responsables y una respuesta internacional que impida que los ataques sigan repitiéndose.





