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La UE bloquea la carne brasileña y abre un nuevo frente comercial con el Mercosur

La suspensión comenzará el 3 de septiembre y Bruselas la vincula al incumplimiento de sus exigencias sobre el uso de antimicrobianos en la producción animal. Brasil cuestiona el impacto de la decisión, mientras Paraguay, Argentina y Uruguay mantienen habilitado su acceso al mercado europeo.

La relación comercial entre Brasil y la Unión Europea entra en una zona de tensión a pocos meses de la entrada en vigor provisional del acuerdo entre ambos bloques. Bruselas confirmó la suspensión de las importaciones de productos cárnicos y otros alimentos de origen animal procedentes de Brasil a partir del 3 de septiembre, argumentando que el país sudamericano no ofreció garantías suficientes para demostrar el cumplimiento de las normas europeas sobre el uso de determinados antimicrobianos en la producción pecuaria.

La medida tiene su origen en mayo, cuando la Comisión Europea excluyó provisionalmente a Brasil del listado de países autorizados para exportar productos de origen animal. Desde entonces, las autoridades brasileñas tuvieron un período de tres meses para introducir modificaciones en sus controles y prohibir el uso de antimicrobianos destinados a aumentar el rendimiento ganadero, sustancias que se encuentran severamente restringidas en Europa debido a los riesgos asociados con la resistencia antimicrobiana y la salud pública. Sin embargo, Bruselas concluyó que las medidas adoptadas por Brasilia no ofrecieron garantías suficientes para asegurar el cumplimiento de las exigencias europeas en toda la cadena productiva.

El argumento central de la Unión Europea está relacionado con la resistencia antimicrobiana, un problema que el bloque considera prioritario en materia de salud pública. Sus normas restringen determinadas sustancias utilizadas en animales destinados a la producción de alimentos, particularmente aquellas que pueden emplearse para estimular el crecimiento o incrementar el rendimiento productivo. Bajo este esquema, los países que exportan al mercado europeo deben demostrar que cuentan con sistemas de control, trazabilidad y certificación capaces de garantizar el cumplimiento de esas condiciones durante el proceso productivo.

El impacto económico de la decisión no es menor. Durante 2025, Brasil se posicionó como el segundo proveedor de carne vacuna de la Unión Europea, con envíos superiores a 92.000 toneladas y un valor de más de 713 millones de euros. A esto se sumaron más de 265.000 toneladas de productos avícolas, lo que demuestra la importancia que tiene el mercado europeo para la industria brasileña.

La suspensión también afecta a otros productos de origen animal, aunque con perspectivas diferentes de recuperación. La Comisión Europea señaló que las importaciones de aves y miel podrían volver a autorizarse en las próximas semanas si los resultados de la auditoría actualmente en curso son favorables. Para la carne bovina, en cambio, el proceso será previsiblemente más largo, debido a la extensión de los ciclos de producción y a la necesidad de comprobar que las condiciones exigidas se cumplen durante todo el período productivo.

La decisión adquiere particular relevancia para el Mercosur porque el bloqueo no alcanza a Paraguay, Argentina y Uruguay. Los tres países mantienen habilitado su acceso al mercado europeo bajo las condiciones sanitarias y fitosanitarias establecidas por la Unión Europea. La situación abre así una coyuntura diferente para los socios del bloque: mientras Brasil enfrenta una interrupción de sus operaciones, los demás grandes productores regionales mantienen abierta la posibilidad de abastecer a los compradores europeos.

En Brasil, sectores vinculados a la producción ganadera cuestionaron la decisión y la interpretaron como una medida que, además de sus argumentos sanitarios, podría terminar protegiendo a los productores europeos frente a la competencia de la carne sudamericana. El argumento se apoya en las diferencias de costos de producción entre ambas regiones y en el peso que tiene Brasil como proveedor internacional de proteína animal.

Desde Bruselas rechazan esa interpretación. La posición europea es que no se trata de una barrera comercial encubierta, sino de la aplicación de sus normas sobre seguridad alimentaria y resistencia antimicrobiana. Sin embargo, el contexto político agrega una dimensión adicional al conflicto: las organizaciones agrícolas y sectores políticos europeos observan con atención los alcances del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur y han expresado históricamente preocupación por la competencia que podrían generar los productos agropecuarios sudamericanos.

Para Brasil, el desafío será demostrar que sus controles pueden garantizar las condiciones exigidas por Europa y recuperar progresivamente el acceso a ese mercado. Para Paraguay, Argentina y Uruguay, la situación puede representar una oportunidad comercial, pero también una advertencia. Mantener las puertas abiertas de Europa exigirá demostrar permanentemente que sus sistemas productivos cumplen con las reglas establecidas.

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