El Gobierno paraguayo decidió llevar la discusión al terreno científico y dentro del Mercosur, ante la propuesta europea de modificar los parámetros para residuos de productos fitosanitarios. El ministro Carlos Giménez advierte que una modificación sin suficiente respaldo técnico podría terminar afectando el acceso de la producción regional al mercado europeo.
La discusión sobre las nuevas exigencias de la Unión Europea para los productos agropecuarios empieza a adquirir una dimensión comercial para Paraguay. Más allá de los límites de residuos propiamente dichos, el planteamiento del Gobierno es que cualquier cambio en las condiciones de acceso a un mercado debe estar sustentado en evidencia científica y no transformarse, de hecho, en una nueva barrera para las exportaciones.
El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, señaló durante una entrevista en ABC, que Paraguay ya trabaja con sus socios del Mercosur para analizar la propuesta europea y definir una respuesta común. La estrategia apunta a evitar que el país enfrente individualmente una discusión que puede tener consecuencias para todo el sistema productivo regional.
Para Giménez, el punto central no es solamente si Paraguay puede adecuarse a un nuevo límite, sino cuál es la justificación para modificar los parámetros existentes.
El ministro cuestionó que se establezcan nuevas condiciones cuando no exista una fundamentación científica suficiente y recordó que los sistemas agrícolas europeos y sudamericanos se desarrollan bajo realidades productivas y agroclimáticas diferentes.
En ese sentido, la posición paraguaya busca que la conversación se mantenga dentro de los mecanismos internacionales y bajo criterios verificables. “Tiene que haber una fundamentación científica clara al respecto”, sostuvo.
La preocupación adquiere mayor relevancia porque un requisito técnico puede terminar teniendo consecuencias económicas si dificulta o encarece el ingreso de determinados productos al mercado europeo.
Para fortalecer la posición del bloque, se recurrirá al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que contratará a un especialista para estudiar el alcance de la propuesta europea.
La intención es contar con una evaluación independiente que permita determinar técnicamente qué implicancias tendrían los nuevos límites y cuáles son los argumentos que pueden ser presentados ante las autoridades europeas.
Giménez considera fundamental que la discusión se apoye en datos y estudios antes de adoptar decisiones que puedan repercutir sobre el comercio. “La ciencia no se puede discutir”, afirmó.
Aunque el mercado europeo no representa la mayor parte de las exportaciones paraguayas, el Gobierno considera que su importancia no debe medirse únicamente por volumen, debido a los precios que determinados productos pueden alcanzar allí.
De acuerdo con los datos citados por Giménez, Europa concentra aproximadamente el 4% de las exportaciones paraguayas. Para el ministro, esto justifica tanto la necesidad de preservar ese destino como la conveniencia de continuar abriendo otros mercados.
“Lo que nosotros no podemos es perder un mercado por situaciones, en este caso, arbitrarias”, afirmó.
La discusión también vuelve a poner sobre la mesa el antecedente del Reglamento 1115, que generó diferencias entre la UE y países del Mercosur. Para Paraguay, el desafío actual consiste en evitar que se repita un escenario en el que nuevas disposiciones terminen modificando de manera unilateral las condiciones comerciales.
El tema volverá a ser analizado en el ámbito del Mercosur durante una reunión prevista para octubre. La intención paraguaya es que el bloque mantenga una postura coordinada frente a las nuevas exigencias.
Paralelamente, Giménez mencionó la posibilidad de seguir desarrollando bioinsumos y tecnologías aplicadas al sector productivo, como parte de una estrategia para mejorar la competitividad y diferenciar la producción regional.
El Gobierno paraguayo plantea así una doble vía: defender el acceso a los mercados existentes y, al mismo tiempo, preparar al sector productivo para las nuevas exigencias que surgen en el comercio internacional.
“Nosotros como Gobierno siempre vamos a tener la postura de defender al sector productivo”, remarcó Giménez. Para el ministro, la discusión debe desarrollarse sobre una base previsible: “A reglas claras, todo da gusto negociar”.





