Cualquiera me podría tildar de loco, lunático o extremista, pues, en pleno siglo XXI y con tantos mega-aparatos supranacionales que orientan la diplomacia mundial, tales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Grupo de los 7, la Unión Europea (UE), Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), amén de la indiscutible interconectividad e interdependencia de todas las economías del mundo, hacen parecer la III Guerra Mundial una posibilidad absolutamente remota.
Lamentablemente debo informales que esa es la narrativa para las masas, la cual es domesticada o pastoreada dócilmente a diario con los grandes eventos deportivos globales como la Copa de la FIFA, la Champions, las Olimpiadas, las telenovelas o las series por Netflix, incluso por espejismos más formales como la aburridísima Asamblea Anual de la ONU (tan importante que casi nadie la sigue en TV o cualquier dispositivo electrónico) y podría incluir a la mayoría de los telediarios.
Todo lo antes mencionado, nos nubla, nos abruma en la estupidez justamente para no percatarnos que hay una “fuerza profunda” por decirlo en palabras del prestigioso historiador francés Pierre Renouvin o; “un mar de fondo” en términos del caribeño Pedro Estrada. Ese mar de fondo en momentos gresca las aguas, elevando a la superficie la poderosa lucha entre las aguas, que usualmente no logramos ver.
Justamente, he hecho este largo introito para que podamos entender con mayor lucidez el peligroso momento en el que estamos. No por sortilegio de la vida, hace ya dos años atrás el entonces candidato ExPresidente Donald Trump se vendía ante los electores estadounidenses como el único hombre capaz de evitar la “3° Guerra Mundial”. Más allá del típico estilo comunicacional de Donald Trump, allí está presente una enorme problemática, una poderosa y mortal amenaza potencia: la tercera Guerra Mundial.
Sin ánimos de volver esto una clase de historia universal, recordemos rápidamente los antecedentes de la II Guerra Mundial, ¿cuáles fueron? En el contexto del macro-crack o la gran depresión de 1929, estuvo seguido por la invasión del Imperio de Japón a Manchuria (al noreste de China) en 1931, más tarde la ocupación alemana de los territorios franceses de Alsacia y Lorena en 1940, quienes llevaban hace tiempo una feroz lucha por el acero. Estas dos jugadas se reducen a dos necesidades: espacio y materias primas.
Le pregunto a Ud. apreciado lector, ¿hoy que estamos viendo?, ¿cuáles son las grandes jugadas de las potencias hegemónicas globales sobre el tablero mundial inmediato? Comenzamos con Rusia y su ocupación parcial de Ucrania, que desató inmediatamente la guerra ruso-ucraniana en febrero de 2022 y que aún está en pleno desarrollo; Estados Unidos por su parte con la supuesta guerra contra el narcotráfico tomó el control de Venezuela, ergo, su petróleo y su oro, seguido por la guerra en Irán, donde el propio Presidente Donald Trump anunció que “declarará el Estrecho de Ormuz territorio de EEUU”; de vuelta Rusia, el Presidente Vladimir Putin la semana pasada visitó las islas Kuriles, un archipiélago en disputa limítrofe con Japón.
Pero no todo queda en occidente, también involucra a Asia donde la gigantesca China comunista se está adueñando arbitrariamente del 90% del mar meridional de China, expulsando violentamente con su Guardia Costera a pescadores de Filipinas, Vietnam en sus propias aguas territoriales, también mediante la navegación de navíos chinos en aguas exclusivas de Indonesia, amén de las recurrentes incursiones tanto navales como aéreas de fuerzas militares chinas en el estrecho de Taiwán. De vuelta, se trata una peligrosa puja por el espacio y los recursos.
Para cerrar, lo que estamos observando es un estratégico y peligroso reacomodo del espacio, vale decir, una suerte de gran reparto que gradualmente están implementando los tres colosos del mundo de hoy: China, EEUU y Rusia, donde un error o un exceso de alguno de ellos podría desatar una conflagración mundial con consecuencias nefastas para toda la humanidad en cuestión de minutos, es decir, el fantasma de la III Guerra Mundial ya está presente como en los tiempos de la Guerra Fría.





