Nuestro editor me ha pedido que escriba un artículo sobre las más recientes elecciones presidenciales del Perú, menuda tarea, fundamentalmente por la dinámica misma de la política peruana que desde el 2016 con la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) el país ha estado sumido en un verdadero torbellino político que terminó con una verdadera antropofagia de la clase política peruana.
La lista de presidentes supera los media docena en apenas una década, una vez vacado PPK le siguió Martín Vizcarra quien más o menos gobernó año y medio, pese a que cerró el Congreso e instaló uno nuevo, no le fue suficiente y su propio Congreso se lo fagocitó siendo vacado en noviembre de 2020, le siguió el efímero Manuel Merino que no gobernó ni 1 semana para ser sucedido por un izquierdista moderado Francisco Sugasti cuya tarea fue llevar al Perú a unas elecciones donde resultó electo Pedro Castillo.
Castillo, un izquierdista radical a lo Chávez a poco más de un año de gobierno dio un golpe de Estado, razón por la cual fue arrestado ipso facto, sucedido por su compañera de fórmula Dina Boluarte y cuya gestión estuvo marcada por escándalos de corrupción, de modo que tampoco sobrevivió. A los 2 años fue sucedida por José Jeri, quien gobernó apenas meses y finalmente también fue vacada para ser sustituido por el octogenario izquierdista José Balcázar y quien actualmente gobierna el país.
Bajo ese contexto, el Perú llegó en abril a las elecciones presidenciales con más de una treintena de candidatos, siendo los más visibles los derechistas Keiko Fujimori y López Aliaga (Porky) y por la izquierda Belmonte, Jorge Nieto hasta el comediante Yhony Lescano. La elección en si misma fue un desastre, la autoridad electoral la ONPE violó su propio reglamento, el proceso de votación se prolongó hasta 2 días y el conteo más que vergonzoso, estuvo altamente empañado de problemas técnicos extendiéndose más de 1 mes. Allí quedaron para el balotaje Fujimori e inesperadamente el candidato ultra-izquierdista y representante del golpista Castillo, Roberto Sánchez.
Este domingo 7 de junio, al menos la ONPE estuvo menos desastrosa que en la primera vuelta, al menos logísticamente hablando, el proceso se llevó en términos más o menos aceptables. Cercanos a la media noche de ayer salieron los primeros flash electorales tanto de IPSOS y Datum dando por vencedora a Fujimori con menos de 2% sobre Sánchez.
Ambos candidatos han sido muy cautelosos al referirse al proceso electoral al final de la jornada de votación, Fujimori por su parte señaló que “nos encontramos en un empate técnico, hasta el momento no hay ningún ganador de esta contienda”, por otra parte, Sánchez dijo “este es el día de la recuperación de la democracia.”
Independientemente de quien gane esta elección, cuyos resultados hoy lunes por la mañana son 50,2% para Fujimori y 49,8% para Sánchez con el 93% de las actas escrutas, la clave aquí será el conteo final que la ONPE ya anunció que los resultados definitivos “serán presentados en julio”, según reseñó La Derecha Diario.
En crudo, todas estas semanas los peruanos estarán en vilo tras la jornada electoral de este 7 de junio, pues, la ONPE se ha caracterizado por su conteo tortuga que tienda a sembrar muchas dudas sobre la transparencia del ente comicial, situación a la que infelizmente los peruanos ya están acostumbrados.
Pero más allá de ello, la puja ha sido entre dos modelos de país muy antagónicos entre si y lo cual generó una polarización muy marcada de la sociedad peruana, por una parte la ya cuatro veces candidata presidencia y tres veces perdedora Keiko Fujimori plantea una sociedad capitalista con al menos una estabilidad Constitucional e institucional. En tanto, Roberto Sánchez plantea indulta al golpista de Pedro Castillo implantar el típico libreto neocomunistas encantador de bobos y absolutamente inútil como la conformación de un “Estado Plurinacional”, Asamblea Constituyente y en materia económica planteó eliminar la autonomía del Banco Central de la República de Perú.
Finalmente, no me atrevo a señalar quien ganará entre Fujimori y Sánchez, pues, como muy bien lo señalaron los chamanes, “la mano negra” de la ONPE el gran elector del Perú será quien sellará la elección. Pero más allá de ello, dudo que el torbellino de la política peruana de la última década se zanje con esta elección si gana Sánchez y en caso que resulte electa Fujimori, le tocará lidiar directamente con ese Congreso que ella misma ha sido la arquitecta de la inestabilidad política-institucional peruana desde PPK hasta hoy.





