El sector lechero del Chaco Central culminó un proceso de diagnóstico y capacitación orientado a mejorar la rentabilidad, eficiencia y sostenibilidad de la actividad, con una mirada puesta en el desarrollo productivo de la región durante los próximos 100 años.
Entre el 24 y el 31 de agosto concluyó una etapa de análisis que permitió profundizar en la situación actual de la producción lechera del Chaco Central y establecer líneas de trabajo para afrontar los desafíos futuros. La iniciativa, que reunió a productores, técnicos y referentes cooperativos, combinó el relevamiento de información, la capacitación especializada y el análisis de experiencias concretas en establecimientos de la región.
El proceso comenzó en marzo con una gira técnica encabezada por el consultor Gustavo Schuenemann, quien recorrió distintos modelos productivos acompañado por profesionales locales. Esta primera aproximación permitió conocer las particularidades de los sistemas de producción de la zona e identificar oportunidades de mejora en diferentes áreas de la actividad.
Entre abril y julio se desarrolló posteriormente una encuesta destinada a recopilar parámetros productivos de las explotaciones lecheras. Los resultados fueron presentados inicialmente a los equipos técnicos de las cooperativas y, en una segunda instancia, a directivos y socios de la Cooperativa Chortitzer. La información obtenida permitió contar con una base de análisis para orientar las decisiones y definir prioridades de trabajo.
Las jornadas finales de capacitación partieron de una premisa fundamental para el negocio lechero: controlar la variabilidad y gestionar adecuadamente los riesgos resulta determinante para alcanzar mejores niveles de rentabilidad. Bajo este enfoque, productores y técnicos trabajaron sobre cuatro áreas consideradas estratégicas: crianza y recría, transición y confort, calidad de los forrajes y gestión del personal.
En el primer eje se abordaron las prácticas necesarias para lograr una recría eficiente y conseguir vacas adultas capaces de expresar un buen potencial productivo. En cuanto a la transición, se puso especial atención en la prevención de enfermedades metabólicas y en las condiciones que favorecen el consumo voluntario durante una etapa crítica del ciclo productivo. También se profundizó en la calidad de los forrajes, con criterios prácticos para interpretar su digestibilidad y valor nutricional, mientras que el componente humano puso el foco en la consistencia del personal y en los principios necesarios para fortalecer el trabajo en equipo.
La integración de estos factores tiene un impacto directo sobre indicadores centrales de la producción, entre ellos la salud del rodeo, los volúmenes obtenidos, los porcentajes de grasa y proteína de la leche, el conteo de células somáticas y la eficiencia reproductiva.
El programa combinó además los fundamentos técnicos con ejercicios desarrollados sobre situaciones reales de finca. En el área de nutrición se analizaron los requerimientos del ganado a partir del modelo NASEM, considerando variables como agua, energía, proteína, fibra, minerales y vitaminas, además de los factores que pueden modificar el consumo de los animales.
Otro de los aspectos abordados fue el control de las raciones mediante la auditoría del mixer y del sistema TMR, buscando reducir las desviaciones entre las dietas formuladas y las que finalmente reciben los animales. También se trabajó sobre la correcta lectura e interpretación de los análisis de ingredientes y forrajes, como herramienta para mejorar la precisión de las decisiones nutricionales.
Los participantes analizaron casos de lecherías reales y trabajaron en grupos para identificar cuellos de botella y diseñar planes de acción relacionados con el manejo y la alimentación. De esta manera, la capacitación buscó trasladar los conocimientos técnicos a situaciones concretas que forman parte de la realidad cotidiana de los productores.
El cierre estuvo marcado por el taller “Los 10 rasgos de las personas exitosas”, que incorporó a la formación una dimensión vinculada con la gestión, la cultura organizacional y las capacidades humanas. Esta perspectiva responde a la necesidad de entender que la evolución de una explotación lechera no depende únicamente de la tecnología, la infraestructura o la nutrición, sino también de la capacidad de las personas para trabajar en equipo, interpretar información, aprender de los resultados y adaptarse a los cambios.
La visión de largo plazo apunta precisamente a que las futuras generaciones reciban algo más que tierras y hacienda. El objetivo es que puedan contar con un sistema de gestión capaz de generar y utilizar información, evaluar resultados y tomar decisiones sustentadas en datos, de modo que las unidades productivas puedan mantenerse competitivas y adaptarse a las condiciones de las próximas décadas.
Desde la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod Ltda.), en conjunto con la Concopar Ltda., se reafirmó el compromiso con el desarrollo sostenible del Chaco Central y con el fortalecimiento de las capacidades técnicas del sector. El acompañamiento de estos procesos de diagnóstico y formación busca contribuir a la profesionalización de los tambos y a la consolidación de un modelo cooperativo más eficiente, rentable y preparado para el futuro.
Así, el trabajo desarrollado durante estos meses no representa solamente una evaluación del presente de la producción lechera chaqueña, sino también un punto de partida para construir una visión de largo plazo. La apuesta es que el sector pueda enfrentar los desafíos productivos de las próximas generaciones con mayor conocimiento, mejores herramientas de gestión y una cultura orientada a la mejora continua.





