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La Alianza Evangélica Latina llama a fortalecer la misión y la unidad

El presidente de la Alianza Evangélica Latina, Juan Cruz Cellammare, afirmó que la Iglesia Evangélica atraviesa uno de los momentos más significativos de su historia en América Latina, al destacar el crecimiento sostenido de la fe en la región, el protagonismo alcanzado en la obra misionera mundial y el aporte social desarrollado durante las últimas décadas. No obstante, advirtió que ese avance también plantea nuevos desafíos vinculados a la unidad, la transparencia institucional y el fortalecimiento del testimonio cristiano.

Durante su intervención en el «Desayuno con la Alianza Evangélica de El Salvador», Cellammare sostuvo que el continente pasó de ser un territorio receptor de misioneros a convertirse en una de las principales regiones enviadoras de obreros al mundo, un proceso que atribuyó al trabajo constante de miles de iglesias locales.

Según expuso, a comienzos del siglo XX los evangélicos representaban alrededor del 1 % de la población latinoamericana, mientras que en la actualidad superan el 20 %, con países como Guatemala, Honduras y El Salvador donde la población católica ya no constituye la mayoría absoluta. A su juicio, este crecimiento no responde a un fenómeno pasajero, sino al resultado de décadas de evangelización, oración y compromiso de congregaciones que, en muchos casos, desarrollaron su labor sin apoyo estatal.

El dirigente también resaltó el cambio experimentado por la misión cristiana en la región. Recordó que hace pocas décadas América Latina dependía casi exclusivamente del trabajo de misioneros provenientes de Europa y Norteamérica, mientras que hoy miles de latinoamericanos sirven en diferentes continentes, consolidando al denominado «Sur Global» como uno de los principales motores del movimiento misionero internacional.

Cellammare destacó además el papel desempeñado por las iglesias durante la pandemia y frente a diversas emergencias naturales, señalando que muchas congregaciones fueron las primeras en asistir a las comunidades afectadas mediante la distribución de alimentos, acompañamiento espiritual y ayuda humanitaria.

En ese contexto, valoró el trabajo desarrollado por las iglesias en hospitales, cárceles, fuerzas armadas, instituciones educativas y programas de prevención de adicciones, afirmando que su impacto social resulta imposible de medir únicamente mediante estadísticas.

Asimismo, remarcó la importancia que han tenido las alianzas evangélicas en la defensa de la libertad religiosa y en el fortalecimiento del diálogo con los gobiernos de la región. Según expresó, la existencia de una Alianza Evangélica Mundial y de una Alianza Evangélica Latina consolidadas ha permitido que millones de creyentes cuenten con una representación institucional ante la sociedad y las autoridades.

Pese al balance positivo, el presidente de la Alianza Evangélica Latina advirtió que el crecimiento de la Iglesia exige un mayor grado de madurez institucional.

Entre las prioridades mencionó la necesidad de profundizar la evangelización y el discipulado, fortalecer el envío de misioneros a regiones donde el cristianismo tiene menor presencia, ampliar la defensa de la libertad religiosa y mantener una relación con la dirigencia política basada en principios bíblicos, evitando que la Iglesia se convierta en un actor partidario.

Uno de los puntos sobre los que hizo mayor énfasis fue la transparencia administrativa. En ese sentido, instó a las iglesias a fortalecer sus mecanismos de control financiero y su organización institucional para impedir que estructuras criminales intenten utilizar organizaciones religiosas para operaciones de lavado de dinero, situación que, advirtió, dañaría gravemente el testimonio cristiano.

También llamó a fortalecer la unidad entre las distintas denominaciones evangélicas, privilegiando los principios comunes por encima de las diferencias doctrinales.

Un llamado a fortalecer las alianzas nacionales

En la parte final de su mensaje, Cellammare exhortó a los dirigentes de las alianzas evangélicas nacionales a profesionalizar su funcionamiento mediante la creación de estructuras permanentes, la actualización de estatutos, el fortalecimiento de la sustentabilidad financiera y la promoción de iniciativas como los desayunos de oración y las Marchas para Jesús.

Asimismo, propuso documentar el aporte histórico de la Iglesia Evangélica en cada país mediante publicaciones que registren el impacto espiritual y social desarrollado a lo largo de las últimas décadas.

Como cierre, sostuvo que el crecimiento alcanzado por la Iglesia en América Latina constituye un motivo de gratitud, pero subrayó que el desafío actual consiste en consolidar instituciones sólidas, transparentes y unidas que continúen fortaleciendo el testimonio cristiano y sirviendo a la sociedad en las próximas generaciones.

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