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Nicolás Morás: el periodista argentino que incomoda a Milei con “El Milagro Paraguayo”

En Paraguay, Nicolás Morás era hasta hace poco una figura prácticamente desconocida, salvo por algunas apariciones televisivas donde analizaba política internacional. Ese escenario cambió con la creación de El Milagro Paraguayo, un canal de YouTube orientado a promover la inversión extranjera y a defender las ventajas comparativas del país, aunque desmarcado del oficialismo y de cualquier plataforma política local.

En Argentina, en cambio, es una figura profundamente polarizante. Sectores afines a Javier Milei lo califican de “purista”, al considerarlo una de las voces libertarias más antiguas y corrosivas que critica al actual presidente argentino incluso desde antes de su llegada al Congreso en 2021. En medios como Perfil o Crónica TV, Morás lo ha definido como “populista mesiánico y autoritario”, cuestionando el aumento de impuestos y deuda, el alineamiento automático con determinadas agendas internacionales y la contradicción entre el discurso anarcocapitalista de La Libertad Avanza y su práctica concreta de gobierno.

Aun así, muchos actores oficialistas lo respetan como una figura consolidada del liberalismo más radical, bandera que sostiene desde la adolescencia, cuando los libertarios eran una tendencia minoritaria y casi marginal en el debate argentino.

En aquel entonces militaba en la Juventud Avance Liberal junto a Agustín Laje, uno de los ideólogos culturales del mileísmo:

El estilo de Morás es incisivo y confrontativo. De acuerdo a David Villalba, que los conoce a ambos, es la única figura con la que Laje se negó públicamente a debatir.

Comenzó su carrera de comunicador en el periódico español Libertad Digital, donde entrevistó a Mario Vargas Llosa, y a los 18 años ya tenía una columna propia en el portal Infobae.

En 2018 presentó ante el Congreso argentino un informe sobre el software israelí Pegasus, denunciando que la entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, intentó legalizar un sistema de vigilancia masiva sin orden judicial. La iniciativa legislativa fracasó, pero tuvo consecuencias: Amnistía Internacional lo incluyó entre más de 600 periodistas espiados ilegalmente en toda América Latina.

En 2019 Morás reveló los primeros vínculos descubiertos entre el candidato libertario José Luis Espert y el empresario Fred Machado, investigado por narcotráfico: vuelos privados y una camioneta Jeep Grand Cherokee blindada. En 2021 la causa derivó en denuncias por financiamiento ilícito y encubrimiento contra Espert y Milei. El año pasado, Espert renunció a su banca, comprometido por la investigación fiscal, y Machado fue extraditado a Estados Unidos por orden de la Justicia de Texas.

Una voz incómoda para todos

Morás tampoco es valorado por el kirchnerismo. En 2020 creó “Los Liberales”, canal que superó los 750 mil suscriptores y las 200 millones de visualizaciones. Desde allí criticó duramente las políticas sanitarias del gobierno de Alberto Fernández, quien llegó a burlarse públicamente de sus informes calificándolos como “conspiranoia”.

Con el tiempo, varias de las advertencias que Morás había formulado a comienzos de aquel año sobre los vínculos entre Fernández y la Open Society Foundations, red internacional asociada a George Soros, comenzaron a adquirir mayor relevancia política.

Entre ellas advirtió en forma de primicia la posterior legalización del aborto, que incumplió una promesa presidencial sobre “evitar la tensión del tema mientras dure la cuarentena”, y la visita a la Argentina de una comitiva encabezada por Pedro Abramovay, figura de peso de la organización en América Latina. Tal y como ponderaba Morás, esa influencia externa contribuyó a profundizar una agenda educativa e institucional marcada por contenidos de educación sexual cada vez más controvertidos, compras públicas millonarias de materiales pedagógicos cuestionados, como réplicas de genitales masculinos, y la expansión de políticas vinculadas a tratamientos hormonales en menores.

En diciembre de aquel año Morás sufrió un asalto violento en Bariloche: tres hombres armados lo tomaron de rehén, robaron sus dispositivos informáticos y casi lo asfixian por estrangulamiento. Un amigo suyo sufrió una fractura. La policía intervino a tiempo y los responsables fueron condenados. Dos de ellos eran familiares y empleados de Alejandro Nahuelquin, funcionario y mano derecha del entonces senador Alberto Weretilneck.

Para su audiencia, Morás es una voz indomable, capaz de criticar a izquierda y derecha con igual intensidad. Sus documentales son extensos, abundan en ilustraciones y sus guiones recrean una atmósfera cinematográfica. Cita historia y literatura, satiriza a Trump y Petro, Sánchez y Bukele, Putin y Zelensky en un mismo programa. ¿Cree en los héroes? Solo uno, Julian Assange, el periodista australiano que fundó WikiLeaks y reveló crímenes cometidos durante las guerras de Irak y Afganistán.

Antes de crear su canal de YouTube, Nicolás Morás se destacó como presidente de la asociación Libertad & Equidad, una plataforma dedicada, según sus propias palabras, a “combatir” los excesos ideológicos del feminismo de tercera ola y a cuestionar determinadas políticas públicas impulsadas en nombre de esa agenda.

Entre sus principales banderas se encontraba la denuncia del uso instrumental de acusaciones de violencia doméstica o sexual, un tema que Morás vinculaba con casos internacionales como el de Julian Assange, cuya orden de detención en Europa estuvo originalmente asociada a una denuncia posteriormente cuestionada y revisada en el debate público.

Libertad & Equidad contó con el respaldo o la cercanía de figuras de perfiles muy diversos, como el cantante de heavy metal Ricardo Iorio, íntimo amigo de Morás; la médica provida Chinda Brandolino; Francisco Oneto, actual abogado de Javier Milei; y la filósofa Roxana Kreimer. La plataforma anticipó varios de los ejes que luego caracterizarían su estilo público: crítica frontal a la corrección política, defensa de la libertad de expresión, rechazo al uso ideológico del Estado y confrontación abierta con los consensos progresistas dominantes.

Nicolás Morás durante manifestación contra los escraches feministas.

Denuncia de forma sistemática lo que denomina “mafia estatal” y sostiene que la división de poderes es, en gran medida, una ficción. En su visión, el Estado responde a una lógica de “ley del más fuerte” y carece de legitimidad moral cuando se impone por la fuerza sobre individuos pacíficos:

“Hay una cura contra el dogma de El Contrato Social de Rousseau y es un librito formidable que se llama Sin Traición: La Constitución sin Autoridad, de Lysander Spooner, uno de los responsables de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos”.

Para Morás, solo el mercado libre constituye la verdadera forma de democracia cotidiana: un ámbito en el que las personas eligen según sus posibilidades, sin imponer sus decisiones a terceros y cooperando permanentemente entre sí.

Esa lógica lo llevó a abrazar Paraguay y a instalar la discutible, pero cada vez más influyente, idea del “milagro paraguayo” en el debate público.

Nicolás Morás participa a menudo de ciclos televisivos de Unicanal

De la experiencia personal a la narrativa país

Morás, de 31 años de edad, se radicó en Asunción en 2021 tras el asalto. Llegó con estrés postraumático y una de sus primeras decisiones fue regularizar su situación en el país, reconstruir su vida profesional y adoptar una rutina más segura y ordenada.

Afirma, siempre efusivo, que “besó el suelo del aeropuerto Pettirossi” y redescubrió lo que valora del país: escasa regulación, dinamismo comercial, baja presión fiscal, vida comunitaria y costumbres tradicionales.

Ya había vivido en Paraguay entre 2013 y 2016, donde trabajó como gerente de marketing de una empresa productora de orquídeas y brindó conferencias y seminarios en la Universidad Nacional de Asunción a través de la red internacional Estudiantes por la Libertad.

En 2014 acuñó en televisión argentina el concepto de “Milagro Paraguayo”, atribuyéndolo a un Estado relativamente reducido, alta informalidad, disciplina fiscal y una sociedad menos capturada por el resentimiento ideológico. La idea fue replicada por los principales medios argentinos y algunos importantes actores del sector ganadero e inmobiliario comenzaron a consultarlo antes de invertir.

Críticas, empresarios y atracción internacional

La socióloga María Britez cuestiona su enfoque:

“Convierte debilidades en virtudes. Justifica la desigualdad por la reducción de la pobreza —de 56% en 2002 a 16% en 2026 según el INE— y desacredita el IDH como medición, calificándolo como un invento socialdemócrata pese a su amplia aceptación técnica”.

Sin embargo, la narrativa demuestra eficacia. En 2025 lanzó el documental “Paraguay es el mejor país del mundo para quienes amamos la libertad”, con más de 80.000 visualizaciones.

Algunos espectadores dieron un paso más allá. Uno de los casos más llamativos es el de Pablo Genta, argentino que durante 21 años trabajó en Saudi Aramco, la petrolera saudita considerada una de las compañías energéticas más grandes del planeta, donde llegó a desempeñarse como gerente de ingeniería. Genta dejó Baréin para mudarse a Paraguay junto a su familia tras seguir durante años los contenidos y recomendaciones de Morás.

“No sé si estaría vivo si seguía allá”.

Hoy Pablo Genta se desempeña como consultor en infraestructuras y lleva adelante un proyecto vinculado a la renovación de la flota mercante paraguaya, un sector estratégico para el país. Paraguay opera una de las mayores flotas fluviales del mundo: distintas publicaciones especializadas la ubican como la tercera flota fluvial global, solo por detrás de Estados Unidos y China, o como la tercera mayor flota de barcazas fluviales del planeta.

El proyecto de Genta se vincula directamente con el potencial logístico, energético, portuario y comercial del país, especialmente ante el avance del Corredor Bioceánico, la centralidad de la Hidrovía Paraguay-Paraná y la necesidad de modernizar activos estratégicos para que Paraguay consolide su papel como potencia fluvial mediterránea.

También llegó a Paraguay por las recomendaciones de Morás el gran maestro Francisco Vallejo Pons, considerado por muchos el mejor ajedrecista español de su generación y una de las figuras más importantes de la historia del ajedrez de España. Fue cinco veces campeón nacional de España y campeón mundial juvenil, además de haber integrado la élite internacional del ajedrez. Tras un arduo conflicto con el fisco español que finalmente se resolvió favorablemente para él, Vallejo Pons decidió instalarse en Paraguay y hoy se muestra abiertamente satisfecho con su decisión.

Paco Vallejo recibe la membresía de honor por parte de Nicolás Morás

“Morás critica a todos los gobiernos. Si habla bien de un país, conviene escucharlo. Vivo aquí hace un año y medio, como la mejor carne de ternera que probé en mi vida, nadie me limita la temperatura del split ni me quiere meter miedo con guerras lejanas. La electricidad es limpia y mucho más barata incluso haciendo las proporciones de poder adquisitivo. Paraguay es como España hace 50 años con tecnología del siglo XXI”.

Pablo Genta y Francisco Vallejo Pons son, además, miembros fundadores del Club AMA-GI, la red privada impulsada por Morás para atraer empresarios, inversores, profesionales de alto perfil y familias extranjeras interesadas en radicarse, invertir o explorar oportunidades en Paraguay.

Club AMA-GI: de la influencia periodística al networking empresarial

En este contexto surgió y se consolidó el Club AMA-GI, orientado a inversores de alto patrimonio, empresarios y familias interesadas en radicarse, invertir o explorar oportunidades en Paraguay. Según una fuente consultada, un estudio de mercado consigna que doce CEOs —8 argentinos, 3 españoles y 1 mexicano— declararon haber invertido más de USD 10 millones tras analizar sus contenidos y contactar con su equipo.

Lejos de limitarse a una narrativa digital, Morás convirtió “El Milagro Paraguayo” en una plataforma concreta de atracción de capital humano, inversión extranjera, networking empresarial y promoción internacional del país.

En ese mismo marco, Club AMA-GI recibió recientemente en Paraguay a Cristian Manzano, fundador de Legal Security, una de las principales firmas de seguridad privada de Argentina, con más de 500 empleados. Manzano dirige actualmente el holding tecnológico ÜR, creador de URAM —Unidad Remota de Asistencia Médica—, una máquina diseñada para facilitar videollamadas entre pacientes y médicos, realizar triage y medir parámetros como oxígeno en sangre, temperatura corporal y presión arterial, además de incorporar herramientas como cámara para inspección de laringe, estetoscopio y otros dispositivos de control clínico remoto.

La tecnología podría contribuir de manera significativa a la descongestión hospitalaria en Paraguay, especialmente en medicina laboral, atención primaria, zonas alejadas y sistemas de derivación temprana. Morás presentó a Cristian Manzano ante autoridades del IPS y también ante miembros de importantes grupos empresariales locales, con el objetivo de explorar posibles aplicaciones públicas y privadas de esta innovación en el país.

A la estructura de AMA-GI también se sumó el economista brasileño Normann Kalmus, especialista en desarrollo y relocalización industrial, quien asumió como director de operaciones para Brasil del club. Kalmus aspira a canalizar hacia Paraguay proyectos industriales capaces de generar más de 1.000 puestos de trabajo en el corto plazo y hasta 10.000 en el mediano plazo, aprovechando el creciente interés de empresarios brasileños por un país con menor presión fiscal, estabilidad macroeconómica, energía abundante y un entorno más favorable para producir.

La tesis de Morás es sencilla: Paraguay no necesita venderse como una fantasía ni como un paraíso artificial. Le basta con mostrar lo que ya tiene: energía abundante, presión fiscal baja, moneda relativamente estable, ubicación estratégica, población joven, tradición comercial, apertura migratoria, seguridad comparativa y una sociedad más amable con el emprendimiento que buena parte de Occidente.

Su narrativa incorpora factores culturales que van más allá de la baja carga tributaria y regulatoria: estabilidad social, valores familiares, menor penetración de agendas ideológicas importadas, relativa paz laboral, ausencia de sindicatos con poder extorsivo comparable al de otros países de la región y un clima general más favorable a la iniciativa privada.

Paradójicamente, Morás no se define conservador. Critica cualquier confusión entre Estado y religión y se presenta como un liberal radical, individualista y antiestatista. De todas formas sostiene que el progresismo contemporáneo “tergiversó causas liberales y ahora invirtió el racismo y el sexismo en lugar de acabar con ellos”. A su vez, defiende la libertad de expresión frente a países como Brasil o Reino Unido, donde, según advierte, “cada publicación incómoda en redes sociales empieza a convertirse en un riesgo judicial”.

En su programa, Morás afirma que Paraguay aplica desde hace más de 20 años lo que Milei promete y no cumple, poniendo como ejemplo la Ley de Responsabilidad Fiscal, la estabilidad macroeconómica y el hecho de que el país haya superado las proyecciones de CEPAL, desbancando a Argentina con 6,6% de crecimiento interanual y quedando como número uno del ranking regional en 2025.

El economista Carlos Rodríguez, ex viceministro argentino, señaló que esa comparación ya produce cierta irritación en el gabinete económico de Milei:

“Discretamente los Caputo Boys están distribuyendo papers para disuadir a quienes quieren irse a Paraguay”.

Con ironía, deslizó:

“Les preocupa uno que se cree el segundo Alberdi”, en referencia a la enérgica defensa del Paraguay que hizo el padre de la Constitución argentina durante la Guerra de la Triple Alianza.

Paraguay como plataforma de empresarios, talento y capital

Desde la óptica empresarial, el fenómeno Morás resulta interesante por una razón concreta: su influencia no se limita al comentario político. Su audiencia parece actuar, en ciertos casos, como una comunidad de decisión económica. Algunos viajan, otros compran propiedades, otros abren empresas, otros tramitan residencia y otros evalúan mudar capital, familia o actividad productiva.

Esa capacidad de convertir una narrativa pública en movimiento concreto explica el interés de empresarios que observan a Paraguay desde Argentina, Brasil, España, México o Estados Unidos. Club AMA-GI aparece así como un puente entre una audiencia ideologizada, pero económicamente activa, y un país que todavía necesita multiplicar canales privados de atracción de talento, know-how, capital y tecnología.

La diferencia con otros discursos de promoción país es que Morás no presenta Paraguay como una postal turística ni como una consigna oficial. Lo presenta como una oportunidad civilizatoria frente al deterioro de buena parte de Occidente: inflación, inseguridad, presión fiscal, conflictos identitarios, judicialización de la palabra pública, burocracia, deuda, sindicalismo agresivo y creciente hostilidad contra quien produce.

Para empresarios que miran Paraguay, ese enfoque tiene un valor específico: ofrece una explicación cultural, política y económica de por qué el país puede ser atractivo. No se limita a decir que los impuestos son bajos. Intenta explicar por qué todavía existe un ecosistema social relativamente compatible con la propiedad privada, el trabajo, la familia, la inversión y la libertad cotidiana.

Una defensa liberal de Paraguay

Morás cierra con una definición:

“Tras una guerra brutal e injusta, donde los estados de Argentina, Brasil y Uruguay casi extinguieron a esta gran nación, el pueblo paraguayo fue suficientemente sabio como para no cultivar el odio. Después de un siglo y medio, empresarios argentinos, brasileños y uruguayos llegan a tierra guaraní repletos de esperanza, estimulados por la calidez y el respeto que caracterizan a su noble sociedad. Paraguay debe seguir apostando al libre comercio y la paz. Si lo hace, no importa quién gobierne, está destinado a la grandeza”.

Ese es, quizá, el núcleo más eficaz de su discurso. Nicolás Morás no propone mirar a Paraguay como un país perfecto, sino como un país posible: uno de los pocos lugares de la región donde todavía parece viable combinar libertad económica, arraigo comunitario, apertura migratoria, baja presión fiscal, energía abundante, inversión privada y una sociedad que no mira al empresario como enemigo.

Para sus críticos, exagera virtudes, minimiza problemas y convierte déficits institucionales en señales de libertad. Para sus seguidores, en cambio, detectó antes que muchos una oportunidad histórica: que Paraguay deje de ser visto como periferia y empiece a ser leído como refugio productivo, plataforma logística, destino de capital humano y laboratorio de prosperidad posible.

El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.

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