PETROPAR acaba de firmar un memorando con la estadounidense Scorpion Oil & Gas para analizar una eventual exploración de petróleo y gas en Paraguay. Pero el propio Gobierno aclaró que el acuerdo, por ahora, permite intercambiar información para estudiar la prefactibilidad de un proyecto. No hay todavía compromiso de perforación ni programa de inversión anunciado.
El problema no es que PETROPAR busque socios. El problema es que llevamos décadas anunciando exploraciones mientras la petrolera estatal sigue desempeñándose fundamentalmente como importadora y comercializadora de hidrocarburos.
Y PETROPAR no fue creada solamente para importar combustibles. Su Carta Orgánica establece expresamente entre sus funciones efectuar prospección, exploración, evaluación y explotación de yacimientos de hidrocarburos en territorio paraguayo.
Entonces corresponde preguntar: ¿dónde están los resultados?
Paraguay no parte de cero. El Chaco cuenta con numerosos antecedentes exploratorios e indicios de petróleo y gas. Estudios geológicos identifican potencial generador y reservorio en diferentes formaciones y señalan particularmente a las cuencas de Carandayty y Curupayty como áreas de interés exploratorio.
Tampoco hablamos solamente de hipótesis. En Gabino Mendoza se perforó, se produjo gas natural y se utilizó para generar electricidad. En 2016 se registró una producción de 27.200 metros cúbicos diarios destinada a la ANDE. Es decir, Paraguay ya demostró que puede extraer hidrocarburos de su subsuelo.
El problema histórico paraguayo no ha sido la ausencia absoluta de indicios. En Lapacho también se confirmó la presencia de hidrocarburos. El verdadero desafío ha sido transformar esos indicios en reservas comercialmente explotables.
Para hacerlo hacen falta sísmica, pozos correctamente seleccionados, ensayos, tecnología, infraestructura y capital. Eso es precisamente lo que debería impulsar PETROPAR.
Sin embargo, la empresa acumula bloques y celebra memorandos mientras la exploración efectiva sigue sin producir el salto que el país necesita. Incluso parte de sus derechos hidrocarburíferos quedó alcanzada por el conflicto territorial generado por la ampliación de Médanos del Chaco: la documentación analizada identifica aproximadamente 394.942 hectáreas vinculadas a PETROPAR dentro de las áreas afectadas.
También allí debería existir una posición institucional firme. Si esas áreas poseen potencial estratégico, PETROPAR debería defender técnicamente la posibilidad de estudiarlas dentro del marco jurídico y ambiental aplicable. Y en los bloques donde esas restricciones no existen, debería explicar por qué no avanza la exploración.
Mientras tanto, Paraguay continúa comprando en el exterior los hidrocarburos que consume.
Importar combustible es necesario mientras no tengamos producción suficiente. Convertir la importación en la actividad permanente de una empresa llamada Petróleos Paraguayos es otra cuestión.
Por eso el nuevo acuerdo con Scorpion merece ser observado con prudencia. Una empresa extranjera interesada no equivale a una campaña exploratoria. Lo que importa no es la fotografía ni el memorando, sino cuánto capital se comprometerá, qué trabajos se realizarán, cuántos pozos se perforarán y en qué plazo.
Paraguay necesita dejar de medir su política hidrocarburífera por bloques concedidos, memorandos firmados y anuncios de futuras inversiones. Hay que empezar a medirla en sísmica realizada, pozos perforados, reservas certificadas y producción obtenida.
PETROPAR debería dejar de concentrarse en comprar los hidrocarburos que otros producen y empezar a cumplir con otra parte esencial de su mandato: buscar, evaluar y desarrollar los nuestros.
Después de décadas de anuncios, el problema ya no es saber si el Chaco merece ser explorado.
El problema es que nuestros hidrocarburos siguen bajo tierra.





