La discusión sobre el tipo de cambio acaba de sumar una voz de enorme peso en la economía paraguaya: la de los ganaderos. La Asociación Rural del Paraguay (ARP) estima que la apreciación del guaraní frente al dólar representó un impacto de G. 2,06 billones, unos US$ 349 millones, sobre el valor de la producción ganadera entre septiembre de 2025 y agosto de 2026. Se trata de una estimación del propio gremio, calculada a partir de una cotización de referencia de agosto de 2025.
La cifra debería obligar a mirar el debate cambiario más allá de una cuestión de números diarios, porque cuando el dólar baja, hay sectores que celebran. Para quienes importan productos, compran insumos del exterior o tienen gastos vinculados a la moneda estadounidense, un dólar más barato puede representar un alivio. Pero para quienes producen en Paraguay, exportan en dólares y afrontan buena parte de sus costos en guaraníes, la ecuación es completamente diferente.
El mismo dólar que resulta barato para unos puede convertirse en un problema de rentabilidad para otros.
La cotización referencial llegó a G. 5.956 el 18 de septiembre, según los datos citados por la ARP. El gremio compara ese movimiento con la evolución registrada en países competidores y señala que, durante el período analizado, el dólar aumentó 2,2% en Uruguay, cayó 6,7% en Brasil y subió 0,6% en Chile, frente a una caída cercana al 25% respecto de junio de 2025 en Paraguay.
Aquí aparece la pregunta que ya no puede ser ignorada: ¿hasta qué punto una moneda excesivamente fuerte termina perjudicando a quienes producen para el mundo? La respuesta no debería reducirse a defender un dólar alto o un dólar bajo. El verdadero problema es la previsibilidad.
Un productor que recibe dólares por su producto y luego debe convertirlos a guaraníes para pagar salarios, combustibles, servicios, infraestructura e insumos enfrenta una realidad sencilla: si el dólar pierde valor mientras sus costos no disminuyen en la misma proporción, sus márgenes se achican. La propia ARP sostiene que esa combinación está afectando la rentabilidad, la inversión y la recuperación del hato ganadero.
Y aquí es donde el reclamo ganadero se conecta con los planteamientos que anteriormente formularon otros sectores exportadores.
No se trata únicamente de cuánto vale el dólar esta semana. Se trata de qué señales recibe quien debe decidir hoy si invierte, contrata trabajadores, aumenta su producción o espera.
La ARP reclama al Banco Central del Paraguay (BCP) utilizar las herramientas disponibles dentro del régimen de flotación administrada para evitar desalineamientos que, según el gremio, afectan la competitividad. La organización aclara que no plantea una fijación artificial del tipo de cambio, sino mayor previsibilidad. Ese matiz es importante.
Un Banco Central no debería convertirse en una ventanilla destinada a garantizar la rentabilidad de un sector determinado. Pero tampoco puede ser indiferente frente a movimientos cambiarios que, por su magnitud y duración, pueden alterar las condiciones en las que compiten los sectores exportadores paraguayos.
La discusión, por tanto, no debería plantearse como “ganaderos contra Banco Central”. Es mucho más profunda: ¿qué tipo de economía quiere construir Paraguay y qué condiciones necesita para que producir y exportar siga siendo rentable?
La ganadería no es una actividad aislada. Según declaraciones de Martín Filártiga recogidas en medios locales, la cadena de la carne involucra a más de 300.000 personas. Si los márgenes se reducen, las consecuencias pueden alcanzar a productores, trabajadores, transporte, logística, servicios e inversiones asociadas.
Por eso, los G. 2,06 billones que menciona la ARP no deberían ser utilizados solamente como una cifra para alimentar una disputa gremial. Deberían servir como punto de partida para una discusión económica seria.
Paraguay necesita una moneda estable, pero también necesita empresas competitivas, productores capaces de invertir y exportadores que puedan competir en igualdad de condiciones.
Un guaraní fuerte puede ser motivo de orgullo. Pero si esa fortaleza termina debilitando precisamente a quienes generan producción, empleo y divisas, corresponde preguntarse si estamos ante una fortaleza sostenible o ante un desequilibrio que tarde o temprano tendrá un costo.
El debate cambiario recién empieza. Y esta vez, los ganaderos decidieron ponerle números al reclamo.





