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El Chaco podría esconder una nueva fuente de energía para Paraguay

Una estimación de 70 TCF de gas natural en la cuenca Carandayty-Boquerón abre una posibilidad energética de enorme magnitud, aunque todavía falta explorar y certificar el recurso antes de hablar de reservas comprobadas.

El subsuelo chaqueño vuelve a despertar expectativas. Un estudio presentado esta semana por la empresa privada Zeus Energy plantea que Paraguay podría disponer de un potencial estimado de 70 TCF de gas natural en la cuenca Carandayty-Boquerón, una magnitud comparable con los volúmenes de gas atribuidos a países productores de la región como Perú.

La cifra, sin embargo, debe leerse con cautela. Desde el Viceministerio de Minas y Energías remarcan que se trata, por ahora, de un recurso estimado y no de una reserva certificada. El viceministro Mauricio Bejarano sostuvo que los estudios presentados por la compañía cuentan con un importante componente técnico y científico, pero advirtió que todavía será necesaria una etapa considerable de exploración.

La eventual certificación podría demandar entre tres y cinco años, antes de que Paraguay pueda determinar con precisión cuánto gas existe, en qué condiciones puede extraerse y cuál sería su viabilidad económica.

Si las estimaciones fueran confirmadas, el impacto potencial trascendería ampliamente al sector de hidrocarburos.

Bejarano explicó que, bajo determinadas condiciones de generación mediante ciclos combinados, un TCF de gas podría equivaler a unos 1.000 MW de potencia instalada durante 20 años. En términos estratégicos, esto abre la posibilidad de incorporar una fuente de generación térmica firme capaz de complementar la matriz eléctrica paraguaya y acompañar el crecimiento de la demanda energética.

La perspectiva resulta especialmente relevante para un país cuya disponibilidad de energía eléctrica ha sido históricamente una de sus principales ventajas productivas. Contar eventualmente con una fuente nacional de gas permitiría sumar una alternativa de generación basada en un recurso producido dentro del propio territorio.

En ese escenario adquiere particular importancia el proyecto del gasoducto bioceánico, concebido para atravesar el Chaco paraguayo y conectar las reservas de Vaca Muerta, en Argentina, con Mato Grosso do Sul, en Brasil.

La infraestructura podría otorgar a Paraguay una posición estratégica dentro del corredor energético regional. Además de facilitar eventualmente el acceso a gas argentino y su transporte hacia Brasil, una eventual producción paraguaya podría encontrar en esa misma red una vía de conexión con los grandes mercados regionales.

Si las próximas campañas de exploración confirman una parte significativa de ese potencial, Paraguay podría estar frente a algo mucho más importante que un nuevo yacimiento: la posibilidad de incorporar una fuente energética propia capaz de modificar su ecuación energética y fortalecer su posición dentro del mercado regional.

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