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Drones de la Armada británica enviaron señales a una dirección IP en China

Una vulnerabilidad detectada en drones utilizados por la Royal Navy británica encendió las alarmas sobre la seguridad de las cadenas de suministro de tecnología militar. Cámaras instaladas en embarcaciones no tripuladas empleadas por unidades de la Marina británica fueron detectadas enviando comunicaciones automáticas a una dirección IP ubicada en China.

El caso involucra a los K3 Scout, sistemas no tripulados utilizados para tareas de vigilancia, entrenamiento y operaciones por las fuerzas de la Royal Marines. Reino Unido adquirió 20 unidades mediante el denominado Project Beehive, con una inversión de unos 12,3 millones de libras.

La anomalía fue descubierta durante una evaluación rutinaria de ciberseguridad. Según las informaciones publicadas, las cámaras transmitían los llamados “heartbeat communications”, mensajes automáticos utilizados por los dispositivos para informar que permanecen conectados y funcionando correctamente.

El destino de esas comunicaciones era una dirección IP localizada en China, lo que generó preocupación por la presencia de componentes de origen chino dentro de equipamiento destinado a operaciones militares británicas. Ante el hallazgo, el Ministerio de Defensa desconectó de Internet las cámaras afectadas.

Londres descarta una filtración de información sensible

Pese a la gravedad potencial del hallazgo, el Ministerio de Defensa británico aseguró que no encontró evidencias de que información sensible del Gobierno haya sido comprometida, accedida o transmitida al exterior.

El organismo explicó que una evaluación rutinaria detectó una vulnerabilidad en un subsistema utilizado por los vehículos de superficie no tripulados y que posteriormente se realizó una investigación exhaustiva.

La empresa británica Kraken Technology Group, responsable de suministrar las embarcaciones, también sostuvo que las cámaras procedían de un proveedor externo y que algunos de sus componentes tenían origen fuera del Reino Unido. Después de una auditoría realizada junto con la Royal Navy, la compañía afirmó que no se había compartido información sensible fuera de los canales previstos y que las vulnerabilidades identificadas habían sido solucionadas.

La cadena de suministro, nuevamente bajo la lupa

El episodio vuelve a poner el foco sobre uno de los principales riesgos que enfrentan las fuerzas armadas occidentales: la dependencia de componentes electrónicos fabricados o desarrollados en terceros países, incluso cuando el sistema final es producido por una empresa nacional.

La preocupación adquiere mayor dimensión en Reino Unido debido al creciente papel que los sistemas autónomos tendrán en sus Fuerzas Armadas. El Gobierno anunció recientemente una inversión superior a 5.000 millones de libras durante los próximos cuatro años para impulsar drones y sistemas militares autónomos.

El propio Ministerio de Defensa reconoció en abril que las Fuerzas Armadas británicas utilizan determinados productos fabricados en China dentro de su cadena de suministro, aunque señaló que existen procedimientos de debida diligencia, especialmente para equipos de vigilancia, destinados a evaluar los riesgos de seguridad.

El caso de los K3 Scout no demuestra que China haya realizado una operación de espionaje contra la Royal Navy. Lo que sí está documentado es que componentes de las cámaras establecían comunicaciones automáticas con una dirección IP en China y que el Ministerio de Defensa decidió cortar su conectividad tras detectar la vulnerabilidad.

El episodio, por tanto, plantea una cuestión que trasciende a estos drones: hasta qué punto los sistemas militares considerados estratégicos pueden estar completamente protegidos cuando alguno de sus componentes incorpora conexiones o tecnologías cuya procedencia y comportamiento no fueron suficientemente auditados antes de su incorporación.

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