Transcurrida casi una semana luego de las elecciones dominicales del 4 de octubre, preferí aguardar unos días para poder hacer una lectura más amplia y apartada de la inmediatez. Dicho esto, quiero insistir en la política vas más allá de la aritmética electoral, es decir, analizar la política únicamente exclusivamente en datos estadísticos hace que el mismo sea incompleto o genere lecturas erróneas. Por tanto, yo como especialista en una ciencia social, incorporo otros factores de análisis en aras de evitar sesgos y enriquecer el análisis.
Esto devela una naturaleza distinta en la percepción individual con respecto a la oferta electoral, al mirarse a escala colectiva se denomina dinámica socio-política, en ese sentido, podemos sostener que existen factores notables de un fenómeno de cambio importante en el comportamiento de los electores a la hora de ejercer el sufragio según su área de residencia o según la geografía electoral.
Ese cambio, fundamentalmente responde a una suerte de hartazgo de importantes sectores sociales con respecto a los actores tradicionales y que les han gobernado durante una década o más, ergo, el partido colorado. También, indudablemente la población ha experimentado una importante evolución en la manera de percibir la gobernabilidad, los grandes centros urbanos constituyen los espacios más evolucionados que otras áreas del resto del país, porque son más favorecidos en cuanto a los niveles de educación, culturalmente, más acceso tecnológico, mayor contacto cosmopolita, los grandes centros del poder y universidades están en las áreas urbanas, por ello, se han tornado más exigencias con respecto a sus gobernantes.
En la medida en que los electores, a escala colectiva, sienten que sus gobernantes no satisfacen sus demandas, sino que, por el contrario, reciben gestiones deficientes, inoperancia gubernativa y, en muchos casos, escándalos vinculados a presuntos hechos de malversación y corrupción, aumenta el descontento y la búsqueda de alternativas. Tal vez uno de los casos más emblemáticos sea el de la ciudad de Asunción, con la administración de “Nenecho” Rodríguez y las observaciones de la Contraloría General de la República (CGR) sobre el manejo de recursos municipales. Ante situaciones como estas, los electores optaron por intentar cambiar su realidad mediante el voto, respaldando a nuevas figuras o candidatos emergentes, en lo que comúnmente se denomina “voto castigo”. En ese contexto, cobra particular relevancia una frase pronunciada por el senador Gustavo Leite: “O cambiamos o nos cambian”, una advertencia que, al momento en que fue planteada, no todos interpretaron en su verdadera dimensión, pero que los resultados electorales parecen haber vuelto a poner sobre la mesa. Ejemplos de este fenómeno pueden encontrarse en Soledad Núñez en Asunción y Eduardo Dejesús en San Ignacio, por la Alianza; así como Sebastián Remesowski en Encarnación y Julián Vega en Mariano Roque Alonso, ambos abanderados por la ANR.
En lo que respecta a una lectura macro de estas elecciones municipales de 2026, Personalmente veo con profunda preocupación como problemas estructurales de la sociedad paraguaya siguen sin resolverse gobierno tras gobierno, por ejemplo un pésimo y fragmentado sistema de salud pública, un sistema educativo que mayormente genera analfabetas funcionales, déficit de infraestructura básica como desagües pluviales, redes cloacales, el servicio eléctrico es deficiente, la inseguridad, entre otras tantas. Todo ello termina configurando un gran descontento colectivo que puede llegar a expresarte en el mejor de los casos por una cambio de partido de gobierno -por demás algo muy normal y sano en un sistema democrático, como lo es la alternancia- sino en el peor de los casos, terminando en un sentimiento antipolítica donde la ciudadanía gira hacia líderes mesiánicos y anti-sistema, que terminan aniquilando la democracia, que fue la tragedia venezolana Hugo Chávez, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua.
En cuanto al balance general, quiero insistir que, aquí uno más uno no es igual a dos, además que hay varios fenómenos que vale la pena destacar, el primero de ellos el caso de Asunción, a mi juicio, en gran medida el éxito de Soledad Núñez se debió a la herencia del liderazgo del Excandidato a Intendente y actual Senador capitalino Eduardo Nakayama, quien se volcó enérgicamente en la campaña por la conquista de la ciudad capital, además de otros actores muy menores, el vital aporte de Alcides Riveros quien puso la estructura del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) a la candidatura unitaria, todo ello se conjugó con el escándalo de la gestión anterior, un candidato oficialista poco carismático, que no provenía de las bases de la ANR, como fue el caso del Señor Camilo Pérez y el no menos cierto factor del voto cruzado.
En el caso de Ciudad del Este con el liderazgo de Miguel Pietro, allí hay un mito por desmontar, pues, de catalogado por los medios locales como el gran liderazgo, apenas ganó 2 Intendencias de 22 que estaban en disputa en Alto Paraná, con lo cual, su liderazgo queda sustancialmente desdibujado ante la dureza de los números.
Dentro de este grupo de los que llamo yo los grandes desmitificados, se encuentra por el PLRA está el caso de Ricardo Estigarriba, quien ganó 7 de las 19 Intendencias, perdiendo el distrito cede de la capital departamental, Areguá, misma suerte corrieron los gobernadores colorados como Cesarito Sosa en Guairá, Denis Lichi en Cordillera y Fredy Tadeo D’Ecclesiis en San Pedro, además de Raúl Latorre en capital. Quien sí resultó revindicado por el ala colorada fue Juan Carlos Baruja, líder de Paraguarí.
Para cerrar, la pregunta medular, ¿quién fue el gran ganador por parte de la oposición luego de estas elecciones?, sin lugar a dudas debo señalarle que ha sido el Senador liberal Eduardo Nakayama, fortalecido como líder de la capital del país, pues, Soledad Núñez si bien es cierto logró la hazaña de la victoria, respondió más a la figura de Nakayama y al apoyo de Riveros vía PLRA que a su liderazgo propio, igualmente Prieto como Estigarribia, grandes desmitificados en las urnas por el sector opositor.





