El reciente encuentro en el podcast “O cambiamos o nos cambian” entre el senador Gustavo Leite y Alfred Fast, presidente de la Federación de Cooperativas de Producción (FECOPROD), expuso una grieta estructural entre el tradicional asistencialismo estatal y un modelo emergente basado en la rentabilidad del pequeño productor. FECOPROD, que aglutina a 35 cooperativas socias, no es solo un actor gremial: es un motor que gestiona el 90% de la producción láctea y el 40% del acopio de granos en el país. El diálogo analizó la transición necesaria para abandonar el «manual del campesino pobre» y abrazar una cultura empresarial rural que integre a la agricultura familiar en la cadena de valor global.
La Transformación de la Tierra: El Rol de las Cooperativas y la Siembra de Soja
El lanzamiento de la campaña de soja, una tradición de tres décadas liderada por FECOPROD, se ha convertido en un termómetro de la inclusión social en el campo. Contrario al mito de la exclusión, Alfred Fast reveló que el 20% de la producción nacional de soja proviene de aproximadamente 40,000 parcelas de menos de 20 hectáreas. Esta «soja de pequeña escala» ha transformado zonas históricamente conflictivas, como Maracaná, en polos de desarrollo diversificado.
Para Fast, la narrativa contra el cultivo carece de base científica. «Si la soja hubiera sido tóxica y hubiera matado el suelo, diez estados de los Estados Unidos estarían despoblados y serían pobres. Mira cómo vive el granjero americano: es rico», enfatizó, contrastando la realidad técnica con los discursos ideológicos.
Peso específico del sistema cooperativo en la producción nacional:
- Leche: Controlan el 90% de la producción nacional, garantizando seguridad alimentaria y calidad.
- Hato Ganadero: Representan el 30% del ganado total del país.
- Granos: El 40% de la producción nacional se procesa y comercializa a través de los silos de las cooperativas asociadas.
De la Supervivencia a la Riqueza: Autosuficiencia vs. Asistencialismo
El análisis puso de relieve la obsolescencia del modelo de «autosustento», al que Leite calificó como un esquema perimido que condena al productor a la pobreza. Frente a la ineficiencia de un «Estado gordo» e inflado que gasta sin resultados, el cooperativismo propone los pilares de Friedrich Wilhelm Raiffeisen: autoayuda, autorresponsabilidad y autoadministración.
Bajo esta óptica, la cooperativa no es una entidad de beneficencia, sino el negocio del socio. Leite fue tajante al cuestionar las políticas públicas actuales: «¿No será que nuestro modelo asistencialista necesita una revisión urgente? El modelo de autosustento es equivocado; el modelo debe ser trabajar juntos para ganar plata». El senador abogó por un Estado que deje de «molestar» al que produce y se enfoque en proveer salud, educación y seguridad jurídica.
Seguridad Jurídica y Tensiones: El Debate sobre ONGs y Regulación Ambiental
La sección más jugosa de la entrevista abordó la influencia de las «ONGs radicalizadas», calificadas por Leite como agentes de una «nueva forma de colonización». La crítica se centró en la opacidad financiera de estas organizaciones que, fondeadas por países industrializados, buscan imponer agendas que restan competitividad al agro paraguayo.
Leite defendió la estrategia de «follow the money» (seguir el dinero) para transparentar los recursos que influyen en políticas públicas, denunciando que muchas ONGs han recurrido a la Corte Suprema para evitar revelar sus fuentes de financiamiento. Por su parte, Fast defendió al productor como el principal custodio ambiental: «Yo cuido del agua de mi pozo en mi campo; sería un tonto si lo contaminara, pues yo y mi familia vivimos ahí».
«Yo creo que la Fiscalía ambiental tiene que ser un poco menos agresiva con los productores. No existe el productor que se equivoque y vaya a fumigar al vecino, pues cada fumigación vale mucha plata. Tampoco existe el productor que vaya a envenenar a la gente porque normalmente tiene su chacra al lado de su casa. Son falacias que se utilizan para demonizar al campo». — Gustavo Leite.
El Futuro del Campo: Impuestos Bajos y el Relevo Generacional
Uno de los puntos económicos más punzantes fue la denuncia de la carga tributaria real. Aunque nominalmente el impuesto es bajo, Fast y Leite señalaron una «línea roja» fiscal: el costo real para el productor se eleva al 25% si se consideran las «coimas», los retrasos en infraestructura, la ineficiencia de la ANDE y un IPS que no brinda servicios.
Entre ambos, señalaron cuales son los factores de competitividad y proyecciones:
- Guerra de Subsidios: Mientras Paraguay compite con subsidios estatales de «cero», la Unión Europea destina más de 300.000 millones de euros anuales para proteger a sus productores ineficientes. Esta asimetría explica la presión por imponer regulaciones ambientales restrictivas al Mercosur.
- El Gancho del Empleo: Para frenar la migración juvenil, el campo hoy ofrece salarios competitivos. Un egresado de agronomía o veterinaria puede ganar hasta 2.000 dólares mensuales, una cifra superior a la media urbana.
- Proyecto Citrícola en San Pedro: Se destacó un modelo de «ancla» donde las cooperativas e inversores privados garantizan la industrialización, permitiendo que pequeños productores cultiven cítricos con una vida productiva de 30 años, multiplicando por diez sus ingresos actuales.
- Titulación de Tierras: Se identificó la entrega de títulos de propiedad por parte del Gobierno como el paso esencial para la solvencia financiera y el acceso a créditos de largo plazo.
La Paraguayidad y el Trabajo como Motor
El cierre de la conversación reivindicó la «Paraguayidad» como sinónimo de resiliencia y vocación de trabajo. Alfred Fast reafirmó la disposición de las cooperativas para colaborar con todos los poderes del Estado, siempre bajo una defensa firme de la libertad de producir basada en la ciencia y no en dogmas ideológicos. «Queremos ser parte de la solución y demostrar que un Paraguay diferente es posible», concluyó.





