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El Niño no puede encontrar al campo sin defensa

Paraguay no puede darse el lujo de esperar a que los efectos de El Niño se hagan visibles para reaccionar. Cada vez que el clima cambia de manera significativa, el sector productivo queda en la primera línea de impacto y con él toda una cadena económica que incluye transporte, comercio, industria, servicios, empleo y exportaciones. Por eso, hablar de prevención climática no es un asunto exclusivo de productores ni una discusión técnica reservada a especialistas: es hablar de la capacidad del país para sostener su crecimiento.

La producción agropecuaria necesita previsibilidad, pero el clima no ofrece garantías. Ante esa realidad, la tarea no consiste en pretender controlar lo que no se puede controlar, sino en reducir el impacto mediante planificación, información y capacidad de respuesta.

 Productores, empresas y autoridades tienen que trabajar con anticipación para identificar zonas de mayor riesgo, ajustar calendarios, fortalecer sistemas, mejorar caminos, prever alternativas logísticas y facilitar el acceso a información climática que permita tomar decisiones con tiempo.

El sector productivo cumple un papel central en la economía paraguaya porque genera actividad mucho más allá de la parcela o del establecimiento ganadero. Cuando una cosecha se mueve, también se mueve el transporte, se utilizan silos, aumenta la demanda de servicios, trabajan industrias, circula dinero en las ciudades y se sostiene una extensa red de pequeñas y medianas empresas.

Por eso resulta fundamental abandonar una mirada que presenta al productor únicamente como alguien que necesita asistencia cuando llega una emergencia. El productor también debe ser visto como un actor estratégico de la economía, cuya capacidad de seguir produciendo depende de condiciones que muchas veces exceden su posibilidad de decisión.

 Una política de prevención climática seria debe contemplar infraestructura, acceso a financiamiento, tecnología, seguros, asistencia técnica y mecanismos de respuesta rápida. No se trata de subsidiar pérdidas de manera permanente, sino de generar herramientas que permitan reducirlas antes de que ocurran.

La prevención también implica aprender de cada ciclo porque las experiencias de sequías, excesos de lluvia y alteraciones de los patrones climáticos dejan información valiosa para mejorar la planificación siguiente. Paraguay necesita aprovechar esos datos para construir una cultura productiva cada vez más preparada, capaz de combinar conocimiento tradicional con tecnología y herramientas de monitoreo.

En este escenario, proteger al sector productivo no significa beneficiar solamente a un sector de la economía, significa defender una parte esencial de la actividad que genera empleo, moviliza inversiones, sostiene las exportaciones y mantiene funcionando una amplia cadena de negocios y servicios.

Cada guaraní invertido en prevención puede significar menores pérdidas después, menos interrupciones y una recuperación más rápida cuando las condiciones climáticas golpean con fuerza, sobre todo al tener a la vista pronósticos poco alentadores para el sector productivo a mediano y largo plazo a causa de las lluvias esperadas.

El desafío frente a El Niño no debería medirse solamente por la intensidad del fenómeno que se aproxima, sino por el nivel de preparación que tenga el país para enfrentarlo. Paraguay necesita anticiparse, acompañar a quienes producen y crear condiciones para que el clima adverso no termine convirtiéndose en una crisis económica porque cuidar la producción no es proteger un interés particular: es proteger una parte fundamental del funcionamiento del país.

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