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Daniel Ortega desnuda su tiranía en Nicaragua 

Hablar de Daniel Ortega y su tiranía, en mi caso personal, es algo que al igual que Hugo Chávez en Venezuela lo he venido denunciando desde hace más de veinte años, con un artículo que titulé “La alteración de las relaciones civiles-militares nicaragüenses durante la Revolución Sandinista (1979-1989)”, el cual hasta lo presenté en el Congreso Centroamericano de Historia de 2006 celebrado en la Universidad de San Carlos en Guatemala, donde muy académicamente durante mi disertación fui abucheado por los “colegas” y estudiantes presentes en la sala. 

Daniel Ortega es un personaje longevo en la política caribeña, alcanzó gran fama y popularidad con su grupo guerrillero comunista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que en 1979 -al estilo de Fidel Castro en Cuba- logró derrocar la tiranía dinástica de Anastacio Somoza Debayle, cuyo clan familiar dirigían la rural y agrícola sociedad nicaragüense como una gran hacienda de su propiedad, en gran medida, gracias al apoyo de Washington DC. 

Cándidamente los nicaragüenses creyeron que Daniel Ortega y su FSLN derrocó a Somoza para abrir la democracia en el país caribeño, sin embargo, la agenda de Ortega consistió en replicar el modelo de Fidel Castro en Cuba, es decir, una dictadura socialista. Para ese momento, su objetivo quedó truncado debido a que el presidente Ronald Reagan junto al presidente Carlos Andrés Pérez de Venezuela, presionaron para que se celebraran elecciones libres en Nicaragua, es decir, con participación plural de partidos políticos, donde resultó electa la periodista Violeta Barrios de Chamorro y cuyo mandato Constitucional fue de abril de 1990 a enero de 1997. 

La joven democracia nicaragüense sufrió un revés el 2006 tras el retorno, esta vez por la vía de las urnas, de Daniel Ortega y su FSLN, una victoria que respondió en gran medida a insatisfacciones internas, pero sobre todo por la intromisión directa de la estructura criminal del Foro de Sao Paulo y los petrodólares venezolanos que Hugo Chávez inyecto en Nicaragua para lograr la victoria de Ortega sobre el candidato conservador Eduardo Montealegre. 

Una vez que Ortega recapturó el poder en Nicaragua, implementó rápidamente un régimen autoritario, modificando la Constitución, hipertrofiando el Poder Ejecutivo, subordinando a la Fuerza Pública (policías y militares) a su presidencia personalista, transformando su partido FSLN en grupos paramilitares, sistemática eliminación de las libertades y el derecho, masacrando estudiantes. En crudo, Ortega siguió el mismo guion de Chávez en Venezuela, sólo que la versión sandinista agregó una brutal persecución contra la iglesia católica, no sólo, encarcelando curas y obispos, sino hasta el extremo de retirarles su nacionalidad para luego ser expulsados del país, además de la creación de la figura de “Co-Presidente”, honor que lógicamente recae en su esposa, Rosario Murillo de Ortega.  

Desde el 2007 hasta hoy, todo ese rosario de horrores y sistemáticos crímenes de lesa humanidad han sido cometidos por Ortega y su aparato represor civil y militar ante la mirada indolente e inactiva no sólo de la abstracta -pero siempre muy mentada- “Comunidad Internacional”, peor aún, de órganos diplomáticos como de justicia internacional como la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, la Organización de Estados Americanos, entre otras. 

Hoy Daniel Ortega se volvió más visible, justo porque la semana pasada en pleno acto conmemorativo del aniversario del derrocamiento de la dictadura somocista, dijo sin ningún tipo de desparpajo “aquí no volverán a haber elecciones, para que por ahí intenten ellos [la oposición] atrapar el gobierno, atrapar el Poder”. Albert Ramdin, secretario general de la OEA dijo “se quitaron las máscaras”, una declaración risible y hasta ridícula, Ortega se quitó la máscara desde hace más de una década. Pero la peor declaración vino del convicto presidente de Brasil, Lula quien comparó a Ortega con la excanciller alemana Angela Merkel, dado que ella gobernó por diez y seis años. 

En fin, en limpio sólo les puedo decir, que el socialismo del siglo XXI sólo sirvió para dejar en plena evidencia la inutilidad de todos estos grandes aparatos diplomáticos y de justicia internacional, simplemente no sirven en absoluto para defender al ciudadano común cuando gobiernos izquierdistas les violentan sus derechos más elementales y secuestran el Estado para eternizarse en el Poder. Para cerrar, les recuerdo las sabias palabras del diplomático panameño Guillermo Cochez, quien a comienzos del siglo XXI cuando se discutía en Washington los crímenes de Chávez en Venezuela bajo el edulcorado título de “El caso Venezuela”, dijo: “debemos ir cerrando ordenadamente la OEA.” 

Autor

Nahem Reyes
Nahem Reyes
Dr. Analista geopolítico

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