Mientras Israel enfrenta uno de los escenarios de seguridad más complejos de los últimos años, su política de cooperación internacional continúa avanzando en distintos puntos del mundo. En Paraguay, la Agencia Israelí de Cooperación Internacional para el Desarrollo (MASHAV) impulsa una nueva etapa de trabajo enfocada en la innovación tecnológica, la resiliencia climática y el fortalecimiento de las capacidades productivas locales.
La estrategia está liderada por Emilia Kuschnir, agregada agrícola y representante de proyectos de cooperación de MASHAV en Paraguay, quien busca profundizar la relación bilateral mediante iniciativas que trasciendan los modelos tradicionales de asistencia y se orienten hacia la generación de conocimiento, transferencia tecnológica y desarrollo sostenible.
Fundada en 1958 por iniciativa de David Ben-Gurión, MASHAV se convirtió en uno de los principales instrumentos de cooperación internacional del Estado de Israel. A lo largo de más de seis décadas, la agencia evolucionó desde programas centrados en la transferencia de conocimientos básicos hacia esquemas de colaboración orientados a la innovación y la adaptación tecnológica.
Según explicó Kuschnir, la cooperación agrícola constituye actualmente uno de los pilares centrales del trabajo de la agencia en Paraguay, especialmente en áreas vinculadas a la seguridad alimentaria, la producción sostenible y la adaptación al cambio climático.
«Desde 1958, MASHAV ha evolucionado de una transferencia de conocimientos básica a un modelo de co-creación tecnológica», señaló. Agregó que la institución desarrolla programas en ocho sectores estratégicos a nivel global, aunque en Paraguay concentra sus esfuerzos principalmente en agricultura, seguridad alimentaria y cambio climático.
Uno de los ejes de trabajo consiste en adaptar tecnologías desarrolladas en Israel a las condiciones productivas paraguayas. Entre ellas se destacan los sistemas de riego de precisión, la horticultura protegida y la aplicación de inteligencia artificial al sector agropecuario, con proyectos diseñados para responder a las particularidades de cada región del país.
La representante de MASHAV destacó que el objetivo no es únicamente incorporar tecnología, sino fortalecer las capacidades de técnicos, instituciones y centros de formación para que puedan convertirse en multiplicadores del conocimiento en sus comunidades.
«Nuestra meta central siempre ha sido capacitar a quienes capacitan localmente y brindan soporte técnico a los productores», explicó. En ese sentido, sostuvo que los Centros de Excelencia impulsados por la cooperación israelí buscan transformarse en espacios permanentes de innovación agrícola adaptados a la realidad de cada territorio.
La estrategia también contempla una mayor articulación con universidades, organismos públicos y programas dirigidos a jóvenes, con el propósito de acercar el ecosistema AgTech a las nuevas generaciones y promover un campo más moderno, tecnificado y competitivo.
Para MASHAV, el éxito de la cooperación no se mide únicamente por indicadores institucionales, sino por su impacto concreto en la vida de los productores, el acceso al agua en comunidades vulnerables y la creación de oportunidades para que los jóvenes encuentren en el sector agropecuario una alternativa de desarrollo y arraigo en sus lugares de origen.
Con información de La Nación





