Mientras el Poder Legislativo solicitaba informes al Banco Central del Paraguay (BCP) y crecían los rumores de una crisis financiera, la directora de la institución, Carmen María Marín Rodríguez, mantenía encuentros gastronómicos con figuras vinculadas directamente al sistema bancario. La coincidencia merece, como mínimo, una explicación.
Marín fue vista almorzando en El Bolsi, uno de los restaurantes más conocidos del centro de Asunción, con Benigno López, asesor de la Asociación de Bancos del Paraguay (ASOBAN). En otra ocasión, compartió un desayuno en La Galette con César Barreto, director de Banco Familiar.
No se trata de interlocutores ajenos al ámbito de sus responsabilidades. López está vinculado a la asociación que representa los intereses del sector bancario, mientras que Barreto forma parte del directorio de Banco Familiar, entidad presidida por Alberto Acosta Garbarino.
Es decir, la máxima autoridad del BCP involucrada en estos encuentros no se reunía con actores de cualquier sector, sino con personas que mantienen vínculos directos con la industria que el organismo tiene la responsabilidad de supervisar.
¿Es una casualidad que estos encuentros se produzcan mientras el Congreso reclama información al Banco Central y la estabilidad del sistema financiero ocupa la atención pública? No hay elementos suficientes para afirmar que exista una relación entre los hechos. Pero tampoco corresponde ignorar una coincidencia que plantea interrogantes legítimos sobre la naturaleza de esos contactos.
La cuestión es especialmente sensible porque el Banco Central no es una institución privada ni representa los intereses de los bancos comerciales. Su función es preservar la estabilidad monetaria y financiera, ejercer sus competencias regulatorias y actuar con independencia frente a los intereses particulares de las entidades supervisadas.
Por eso, la pregunta no es si una directora del BCP puede compartir una mesa con representantes del sector financiero. La pregunta es bajo qué circunstancias se producen esos encuentros, qué asuntos se abordan y qué garantías existen para que la información institucional y las decisiones del regulador permanezcan protegidas de cualquier influencia indebida.
El propio Código de Ética del BCP contempla la interacción con entidades bancarias y sus directivos, pero establece que debe realizarse a través de los canales correspondientes y con estricto resguardo de la información institucional. Una disposición que vuelve pertinente conocer cómo se encuadraron estos contactos y si se ajustaron a los procedimientos establecidos.
Cuando el organismo encargado de supervisar a los bancos mantiene contactos con personas vinculadas a las entidades supervisadas, la transparencia no puede ser una consideración secundaria. Es una condición indispensable para preservar la credibilidad del regulador y evitar que las relaciones personales, institucionales o profesionales alimenten sospechas sobre su independencia.





