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No es solo enfrentar a El Niño, es proteger al productor

La agricultura y la ganadería paraguayas dependen en gran medida del clima, pero no deberían quedar a merced de cada fenómeno climático. El desafío frente a El Niño no pasa solamente por anticipar cuánto lloverá, sino por contar con la infraestructura necesaria para que el exceso de agua no termine convirtiéndose en pérdidas para productores, problemas de logística y menores ingresos para el país.

Proteger al sector productivo significa invertir antes de que llegue la emergencia. Caminos rurales transitables, puentes, sistemas de drenaje, mantenimiento de cauces y obras que permitan evacuar rápidamente el agua son parte de una infraestructura que muchas veces solo recibe atención cuando ya está causando problemas. Cada camino intransitable durante varios días representa dificultades para sacar granos, trasladar ganado, recibir insumos o llevar alimentos hasta los mercados.

El costo de no hacer estas obras también termina siendo pagado por el productor. Una cosecha puede ser excelente en el campo, pero si no existe una ruta en condiciones para transportar la producción, buena parte de esa ventaja se pierde. Lo mismo ocurre con la ganadería cuando las lluvias afectan los accesos, encarecen el traslado de animales o dificultan la provisión de alimentos y medicamentos.

Paraguay tiene además una oportunidad para cambiar la lógica de respuesta. En lugar de destinar recursos únicamente a reparar los daños después de cada temporal, debería priorizar inversiones que reduzcan el impacto antes de que ocurra. La prevención puede resultar mucho más barata que reconstruir caminos, puentes y sistemas de drenaje después de una temporada marcada por lluvias intensas.

El fenómeno El Niño puede traer consigo un periodo de precipitaciones superiores a lo normal en distintas zonas, pero la magnitud del impacto dependerá también de qué tan preparado esté el país. No se trata de pretender controlar el clima, sino de reducir su capacidad de golpear a quienes producen y sostienen buena parte de la actividad económica.

Cuidar al sector productivo también significa cuidar el ingreso de miles de familias, el movimiento comercial del interior y la llegada de divisas provenientes de las exportaciones. Por eso, la infraestructura productiva debe ser entendida como una inversión económica y no solamente como una obra pública.

La discusión sobre El Niño debería servir, entonces, para mirar más allá de la emergencia. Paraguay necesita una red de infraestructura rural capaz de acompañar su crecimiento productivo en años buenos y, sobre todo, de amortiguar las pérdidas cuando las condiciones climáticas sean adversas. Si el campo produce, pero no puede sacar lo que produce, el problema deja de ser exclusivamente climático y pasa a ser también de infraestructura.

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